EN BLANCO | JAVIER TOMÉ
Besarsus
ESPAÑA es un país que, a día de hoy, hierve en conflictos, además de conservar la perversa manía de confundir la velocidad con el jamón de bellota. No en vano la historia de nuestro país está condimentada sobre siglos de intolerancia y un rosario de dogmas. Y puesto que no podemos dudar de la extraordinaria capacidad de los justos para estropearlo todo, la Iglesia patria ha puesto en marcha una campaña con el fin de atajar la ampliación de la vigente ley del aborto, dentro de una polémica de patio de vecindad que algunos pretender incluir en las celebraciones de la inminente Semana Santa. Al parecer, los catolicones de pura cepa tienen la intención de montar un cristo callejero, y nunca mejor dicho, coincidiendo con unos actos que, lo quieran o no, son un patrimonio común, consolidado por tradiciones de rango muy popular y participativo. Costumbres que calan muy hondo y, por eso mismo, ajenas a folletines tan envenenados como el que nos quieren plantear.
Después del invierno tan tremendo que estamos a punto de jubilar, lo cierto es que nos hemos ganado la primavera y, consecuentemente, el tener la fiesta en paz. La batalla de las ideas debería permanecer ajena a los eternos rituales de la Pasión, pues ya se sabe que en abril las flores nacen y los hombres renacen. Es posible que, de aceptar la versión de la derecha evangélica, nos encontremos justo al borde del Apocalipsis espiritual y acabemos ardiendo en el infierno. Pero los modos extremos y los continuos lamentos de este respetable colectivo de cascarrabias, no pueden interferir en un ceremonial pleno de solera y tipismo. Así que ambos bandos deben dejar de lado sus rencillas ideológicas, firmar un armisticio temporal y, por el bien de todos, besarsus pasionalmente.