Diario de León

CON VIENTO FRESCO | JOSÉ A. BALBOA DE PAZ

En defensa de la vida

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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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ESPAÑA es el país de la Unión Europea donde más se ha incrementado el número de abortos en los últimos diez años, un 75%, lo que supone en estos momentos algo más de cien mil abortos anuales, muchos de los cuales los sufren chicas jóvenes y muy jóvenes. La cifra es alarmante y dramática. Antes que preguntarnos por el aborto deberíamos hacerlo por el tipo de educación sexual que damos a los adolescentes, para que el número de embarazos no deseados se haya incrementado de esa manera. Esta sociedad hedonista y permisiva es sólo una de las causas, otras tienen que ver con la información sobre métodos anticonceptivos y con la formación de la conciencia moral de los chicos y chicas. La Ley del Aborto de 1985 no ha solucionado el problema.

El gobierno de Rodríguez Zapatero plantea modificar esa ley, que permite el aborto bajo determinados supuestos, y ampliarla para que contemple el aborto libre, incluso con la posibilidad de que las niñas de 16 años puedan hacerlo sin necesidad de consentimiento paterno. Esto último ha logrado romper el silencio cómplice de algunos socialistas, como Rodríguez Ibarra, que el pasado viernes publicaba en El País un artículo en el que contradecía las polémicas palabras de Bibiana Aído, en las que había afirmado que si una chica puede casarse a los 16 años ¿por qué no puede abortar a esa edad?. La respuesta fue poner a la ministra frente a la Constitución, la cual establece que la mayoría de edad es la de los 18 años, lo que comporta determinados derechos y obligaciones, entre otros votar y no ir a la cárcel, por ejemplo.

Parece un argumento con sentido común. Rodríguez Ibarra, sin embargo, ve un derecho el que la mujer pueda libremente decidir sobre su maternidad. Aquí la lógica se quiebra, pues una madre no puede matar a su hijo, constituye un homicidio; ni siquiera -con la ley en la mano- puede matarse a sí misma, es decir suicidarse. En honor a la verdad, el político socialista dice que «son defendibles las razones de la posición contraria», lo que le honra, pues no se trata de una cuestión religiosa, como algunos pretenden insidiosamente, sino ética y cívica. El feminismo radical ha logrado imponer la ideología del derecho absoluto de la mujer a decidir sobre la vida que lleva dentro. Si eso fuera así, no haría falta una ley de plazos: todo lo decide la mujer, incluso la muerte de un feto plenamente desarrollado. Como eso no es admisible hoy -aunque ya lo veremos en el futuro-, se buscan argumentos temporales sobre cuando hay vida humana; pero esto, desde una perspectiva materialista y evolucionista, es una contradicción: hay vida humana desde la concepción.

Entiendo la angustia de las chicas que, sin desearlo, han quedado embarazadas, pero no me parece que el aborto sea la mejor solución. Como en la Roma del bajoimperio, Europa es hoy un continente envejecido. España, pese a la emigración, es el país donde más ha disminuido el número de jóvenes, pues el índice de fecundidad es hoy el más bajo de Europa. La solución de muchas parejas a este problema ha sido la adopción, que ha aumentado significativamente; pero adoptar un bebé español es complicado, por eso se recurre a los niños extranjeros. ¿No parece más lógico unir embarazo y adopción, sin necesidad de recurrir al aborto?. Así se apuesta por la vida, se soluciona un problema y muchos encontrarán en esos bebés nacidos los hijos que no han podido tener. También nos ahorraríamos manifestaciones de los grupos pro vida, como la de ayer.

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