EL MIRADOR | JOSÉ IGNACIO WERT (*)
Zapatero y la bala de plata
EL CAMBIO de Gobierno admite un análisis político desde distintos puntos de vista. El primero y más obvio es el de su «tempo», el segundo el de la lógica al que responde, y el tercero el de sus posibles consecuencias político-electorales. Desde el primero de los puntos de vista, a su vez, hay dos dimensiones a considerar. La primera, evidente, es que alguien -y se hace difícil imaginar que no haya sido un «insider» muy próximo al propio Zapatero- ha «reventado» la noticia y se ha cargado la escenografía. El espectáculo del domingo es difícilmente superable: en el día más feliz en la escena internacional de Zapatero, el del reencuentro con el «amigo americano», se distrae la atención con este tema y se impide el lógico aprovechamiento del éxito. Esto puede deberse a simple imprudencia o a un intento in extremis de modificar en alguna medida el rumbo de los cambios. Sea como sea, quiere decir que algo no funciona en la maquinaria Gobierno-PSOE. Pero lo más importante es la segunda dimensión: un cambio de esta envergadura tras un trayecto tan corto, se vista como se vista, no puede sino aparecer como la admisión d e un fracaso. Es cierto que el Gobierno se había desacreditado a un ritmo muy alto en estos meses, como consecuencia de la sensación de impote ncia y de improvisación respecto a la crisis económica fundamentalmente. En particular, la valoración de Pedro Solbes había caído a plomo pero, desde esta perspectiva, el hacha del cese ha caído un tanto a voleo: hay siete ministros/as que siguen en el Gobierno con peor valoración que Bernat Soria, por ejemplo.
Y esto nos lleva al segundo de los temas, la lógica de los cambios. Daría la impresión de que el pie forzado de la discriminación positiva (que el número de mujeres exceda al de hombres) ha pesado decisivamente. Salen del Gobierno tres hombres y dos mujeres y entran tres hombres y dos mujeres. Mucha casualidad para ser una casualidad. Por lo demás, la combinación de experiencias y perfiles en el nuevo equipo es similar al anterior: salen dos incorporaciones con bajo (o nulo) perfil político (Molina y Soria) y entran otros dos (Gabilondo y González-Sinde) de similar bisoñez política. Ciertamente las incorporaciones más políticas tienen mucho más peso que los abandonos: Chaves, Blanco e incluso Trinidad Jiménez tienen más pedigrí que Solbes, Álvarez y Cabrera.
Queda lo más importante, las repercusiones político-electorales de este movimiento. Ciertamente, el cambio más significativo, la cabeza económica del Gobierno, es, como mínimo, una incógnita. Elena Salgado tiene a priori menos «credenciales» económicas que Solbes, y tampoco ha llamado mucho la atención de la opinión pública en estos años. Eso no quiere decir gran cosa: a partir de ahora depende de sí misma y Solbes no se lo ha dejado especialmente difícil. Los otros cambios van a tener menos visibilidad en la opinión pública. Ahora bien, el riesgo de Zapatero es que pone a rodar un Gobierno nuevo a dos meses (exactamente) de unas elecciones de ámbito nacional. Si las gana, habrá acertado. Si no, se habrá quedado sin la «bala de plata» que todo gobernante necesita siempre en la recámara.
*José Ignacio Wert.
Sociólogo y Presidente de Inspire Consultores.