Diario de León

HISTORIAS DEL REINO | MARGARITA TORRES

La tumba de Cristo

Publicado por
MARGARITA TORRES
León

Creado:

Actualizado:

SEMANA SANTA. Unos días en los que los cristianos recordamos la Pasión y muerte de Jesús en la Cruz. Año tras año, recorren nuestras calles y la rememoran con acierto nuestras cofradías. Guardianas de la memoria, fieles custodias de la tradición hecha fe, arte y devoción, a ellas y sólo a ellas se debe el éxito que congrega en nuestra ciudad a miles de turistas admirados de su buen hacer. A base de trabajo, León se ha hecho un hueco de honor en la relación de nombres de parada obligada en el recorrido cristiano de la Península Ibérica, y no desmerece de otros encuentros como los conocidos de Andalucía o la sobriedad de algunos más cercanos.

Semana Santa es, también, la ciudad de Roma, en la que sufrieron martirio cientos de hombres y mujeres por el delito de confesar su credo en una sociedad que se decía abierta a todos los cultos. Convertidos en antorchas humanas, crucificados como el Maestro, arrojados a las aguas, asaeteados por diversión en el Coliseo, muchas fueron las formas de sofisticado disfrute sádico en aquellos tiempos. Su sangre bendice el suelo de la urbe que un día fue capital de Imperio.

Semana Santa se vive en Jerusalén, epicentro de las tres grandes religiones monoteístas del mundo: sacrosanto enclave de judíos, musulmanes y cristianos. Allí se alzó el templo de Yahveh, la mezquita de Al-Aqsa, el primer palacio de los reyes cruzados, la sede primitiva de la orden del Temple. Cerca, cuenta la tradición que una mujer, Elena, madre del emperador Constantino, que en el lecho de muerte se convirtió al Cristianismo, redescubrió el lugar donde fuera enterrado el Salvador: la tumba nueva de José de Arimatea, que hubo de acomodarse al cuerpo de Jesús después de la Crucifixión. En la Aelia Capitolina, tal era el nombre de Jerusalén después del repaso aniquilador de los romanos, nada quedaba que indicase con claridad, salvo la memoria hecha leyenda, mito o tradición, dónde se alzaba tal lugar sagrado. Es por ello que, junto con la iglesia del Santo Sepulcro, existe otro santuario, también cristiano, en el que se custodia una tumba antigua cuyas características bien pudieran señalarla como la de Jesús: la Garden Tomb.

Cerca de la puerta de Damasco y del lugar del martirio de San Esteban, al pie de un monte que todavía al presente ofrece la estampa de una calavera, fuera de las murallas de Jerusalén, como rememoran los evangelios, y cerca de un jardín con pozo del s. I, el peregrino descubrirá una tumba judía excavada en roca, con antesala, que fue trabajada a toda prisa para acomodar en ella un cuerpo de hombre alto, como era Jesús, y que muestra en sus paredes un ancla, signo de las primeras comunidades cristianas, acompañada por una cruz medieval. Sin duda albergó a alguien muy relevante de nuestra fe, tal vez, quién sabe, al propio Jesús. Lo cierto es que irradia una fuerza especial, una energía buena, curativa, todopoderosa, capaz de arrancar el llanto y purificar las almas, muy distinta de la otra, de la oficial, en la que los creyentes han de apartar casi a codazos a los demás visitantes. Si alguna vez acuden a rezar a Jerusalén, no dejen de visitar la otra tumba de Jesús. Ya me contarán después.

tracking