CRÓNICA SEMANAL | MANUEL CAMPO VIDAL
Este Gobierno hasta parece que gobierna
COMO esos jugadores que saltan al campo desde el banquillo a comérselo todo, así parecen haberse incorporado al Gobierno algunos ministros, particularmente José Blanco y Elena Salgado que en tres días han desconcertado a los que los recibieron con descalificaciones. Ya se sabe que a la nueva ministra no solo la recomendó Pérez Rubalcaba, sino el propio Pedro Solbes y ha comenzado su calvario en Economía arruinando la Semana Santa al resto de ministros. No hay tiempo que perder.
La señora Salgado ya jugaba en el equipo y era titular permanente pero siempre de lateral, primero en Sanidad y después en Administraciones Públicas. Ahora la han pasado al centro del campo y tiene por delante a Blanco dispuesto a marcar goles a la crisis. «A por las inversiones que generen más empleo», es la consigna del nuevo ministro de Fomento que mantendrá la vicesecretaría general del PSOE, o sea, la estrategia del partido. «Lo que nos tememos es que actuará también como un virrey del Gobierno en Galicia disputándole el terreno al presidente de la Xunta, Núñez Feijóo», teme un dirigente popular. Apuesten a que sí.
Las empresas que construyen el AVE para el norte pueden espabilar, así como los funcionarios que preparan licitaciones. Parece que Magdalena Alvarez olvidó nueve tramos, según ha recordado, ahora y no antes, Emilio Pérez Touriño. El nombramiento de Blanco para Fomento ha sido celebrado en el noroeste español. Igual que el sur tuvo en el tándem Felipe González-Alfonso Guerra su gran oportunidad histórica y por eso el AVE comenzó hacia Andalucía, la pareja Zapatero-Blanco es la mayor esperanza para Galicia, Asturias y Castilla y León. Por si acaso, en su toma de posesión estaba el cántabro Revilla. Entre los más eufóricos por el nuevo Gobierno figuran los alcaldes. Desde Vigo a Barcelona y de allí a Córdoba, Abel Caballero, Jordi Hereu y Rosa Aguilar destacan la eficacia de Elena Salgado gestionando en tiempo record los presupuestos del Plan de Inversiones Municipales, el llamado Fondo Zapatero, que el presidente se sacó de la manga y que se espera que actúe, como parche Sor Virginia, sobre el lumbago del desempleo.
Ya se sabe hoy que la principal filtración de la noticia sobre las novedades del Gobierno llegó desde Sevilla. El acuerdo Zapatero- Chaves se cerró el 11 de Marzo y eso demasiado para mantener secretos. Chaves llega a Madrid con todo su equipo de Presidencia: Gaspar Zarrías y los hermanos Cervera, nietos del Almirante Cervera, que dio nombre a un destructor de la Armada. Solo que el mayor, José Manuel, una cabeza muy bien amueblada, en vez de tirar hacia la Marina se metió en el PCE de Carrillo. Y de ahí a la alta cocina de la Junta. Esa migración de andaluces al Gobierno supone dejar el terreno libre para el sucesor, José Griñán, ex ministro de Felipe González y hasta ahora vicepresidente económico de la Junta. Si el Gobierno de Zapatero necesitaba una remodelación, el de Chaves estaba agotado. La única idea nueva que se le ha conocido en un año de gobierno es reiterar obsesivamente la necesidad de fusionar las cajas de ahorro andaluzas. En un primer momento, el mundo financiero se sintió aliviado al marcharse Chaves pero ya temen el aterrizaje de Magdalena Alvárez que, por si acaso, en este tiempo ministerial se hizo con la presidencia del PSOE malagueño. «Así como había ministras que lloraron en su salida, como Mercedes Cabrera, la sonrisa de Magdalena al traspasarle la cartera a Pepe Blanco debe ser porque le han prometido algo», confiesa un todavía alto cargo de la Junta de Andalucía quien comparte la idea de que Magdalena allí donde va se hace notar. Por algo en Andalucía le sacaron el apodo de «Mandatela».
Con un Chaves dispuesto a reconducir desde su autoridad la financiación autonómica, un Blanco que quiere demostrar que sabe hacer política también con un gran presupuesto en mano, con técnicos interesantes como el ex rector Angel Gabilondo, al que le toca la digestión del Plan Bolonia, y la flamante ministra de Economía, este gobierno ha dado en poco días síntomas de que se dispone a gobernar. Que ya hacía falta.