CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
Sosa Wagner, al Parlamento europeo
LO DE LEÓN no tiene otra explicación que la de confesar que precisamente son ellos, hombres o mujeres, a los cuales les fuera obligado elegir de entre todos los regentes de la tribu precisamente el que más calidad y autoridad ofrece al común, casi siempre y, guardando la excepcionalidad propia del caso, se equivoca cuando le corresponde seleccionar el preciso, el adecuado, el que viene, no diré que con un pan debajo del brazo, pero sí con un cúmulo de pruebas que la garantizan ante la comunidad.
Por excepción suele producirse la aparición de un personaje dotado de todas las de la ley, las de la ética y las de la política.
Por lo regular, y, repito, salvando la excepción que corresponde, los personajes o personajillos que se inscriben en las tablas de los partidos suelen carecer de facultades y les pierde la ambición. Regularmente al cargo político, cultural, eclesiástico o funcionarial no suele acudir, en tiempos de escasez, de crisis o de miseria sino el necesitado o el insaciable de bienes de este mundo.
Pienso, pensamos muchos en la comunidad, que el mayor o el único defecto de nuestra mecánica política consiste en que no se ha sabido elegir a los personajes imprescindible y se ha dejado llevar el elector por el impulso del amiguismo, por la característica dócil del vecino o por la influencia perniciosa del abonado a todos los cargos.
Nuestros ministros, nuestros subsecretarios, nuestros secretarios generales y figuras del sexo opuesto, son, han sido, están siendo, para desgracia nuestra mediocres, difícilmente ejemplares y nada aptos para descubrir la cuadratura del círculo.
Y de este inconveniente nos vienen los efectos negativos que abruman cualquier iniciativa que se nos ponga por delante.
«No contesta. No sabe». De tal manera nos abruma esta condición negativa que cuando, por excepción gloriosa, la prensa, la radio, la televisión o las vecinas del tercero anuncian que al fin se ha producido el milagro y León puede ya contar con hombres o mujeres verdaderamente importantes y decisivas, sin tener que acudir al Obispo, nos sentimos dichosos, felices y dispuestos a cumplir cuantas aspiraciones nos sean sugeridas.
Sencillamente porque afortunadamente hemos dado con los hombres necesarios: Don Juan Vicente Herrera, presidente confirmado de Castilla y León, y Francisco Sosa Wagner, catedrático en Derecho Administrativo de la Universidad de León y cabeza de lista al Parlamento Europeo por la nueva formación política de Rosa Díez.
Estos son los hombres imprescindibles, estos son los personajes eficaces, honrados y seguros, estos son los hombres que León venía necesitando desde tiempos ya inmemoriales, cuando el buen pueblo contemplaba y se resignaba cómo eran aupados a los puestos valiosos muchas de las figuras de cartón piedra que nos han venido sirviendo de espantajos.
¿Dónde estaban, dónde se encuentran estos señores tan necesarios por un funcionamiento sagaz y honesto?
Damos gracias a quien corresponda por haber sido ya satisfecha esta necesidad provincial...
¡Que no sólo de negocios viven los pueblos!