Publicado por
LUIS DEL VAL
León

Creado:

Actualizado:

TRINIDAD Jiménez no me considera capacitado para ir a la farmacia y comprar un alpazolam, unas pocas horas antes de emprender un vuelo a América, vuelos en los que ella goza de mucha experiencia. No soy Einstein, desde luego, me considero más bien torpe, pero a pesar de haber publicado más de una docena de libros y haber llevado una conducta que, desde el punto de vista cívico y policial, pudiera considerarse irreprochable, Trinidad Jiménez teme que con una caja de trankimazín en la mano pueda tomarme media docena de pastillas en lugar de una, lo que podría causarme efectos irreversibles, y me exige que vaya antes a un médico para que me extienda la correspondiente receta.

Sin embargo, Trinidad Jiménez se fía de una cría de catorce años -que será mucho más inteligente que yo, pero que por razón de edad ni tiene experiencia ni conocimientos- para que adquiera la píldora poscoital, tres semanas seguidas o cuatro días consecutivos, puesto que no existe control de ninguna especie, y confiar en la prudencia de una chica de trece o catorce años es muy parecido a confiar en la discreción y moderación de un chico en plena explosión hormonal.

A mí no me parece mal que los chicos tengan relaciones sexuales y aunque me parezca mal a ellos les va a dar lo mismo y creo que hay que evitar los 6.000 abortos, pero que una cría no pueda comprar una cajetilla de tabaco en un bar, y pueda someterse a unos descuidos permanentes, y a una automedicación de la que no se va a enterar ni su médico, ni su ginecólogo, ni sus padres, me parece cuando menos temerario. Que Trinidad Jiménez no se fíe de mí, lo admito. Que a una hija mía no le permita comprar una botella de jerez en el supermercado, también. Pero tanta prevención con el tabaco y la nicotina no puede desembocar en barra libre en la farmacopea. Es tan difícil de entender como el misterio de la Santísima Trinidad. listo descubra que se puede forrar con eso.

Cargando contenidos...