TRIBUNA

Colegio Público Quevedo

PEDRO RABANILLO MARTÍNCuanto más asiduamente lo frecuento, más me sorprendo del ambiente tan divertido y singular que disfruta la chavalería en este centro

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

DE UN TIEMPO a esta parte, vengo visitando el Colegio Público Quevedo debido a la asistencia de mi nieto, al igual que la de otros tres sobrinos que tienen plaza escolar, dando fe de la satisfacción que la familia recibe. Cuanto más asiduamente lo frecuento, más me sorprendo del ambiente tan divertido y singular que disfruta la chavalería en los momentos de entrada y salida, en los que el jolgorio se desata de manera tan festiva y agradable, que el recuerdo de mi pasado infantil se revela con elevada dosis de nostalgia.

No ha quedado mi curiosidad en el solo hecho de glosar lo que atañe a la envidiable diversión de niños/as, sino que me ha llevado a analizar hasta el carácter disciplinario que se sigue en la enseñanza, y que se imparte en el tiempo de preparación escolar. Y el resultado no ha podido ser más satisfactorio en cuanto a lo que personalmente puedo corroborar.

En el caso de mi nieto puedo afirmar, que, cuantas más jornadas pasan, más le gusta acudir a la tarea diaria. Las/os profesoras/es que se encargan de las clases, son para él hadas y ángeles de sus sueños. Comenta con la sinceridad que define a los peques, que les quiere y respeta, escuchando con atención los consejos que imparten. En la familia notamos que valora mucho la atención y el cariño que le prestan. En cuanto al comedor se refiere, no cabe duda de que también la disciplina juega un papel fundamental. Lo ha asumido y asimilado bien, de ahí las buenas maneras con que se de-senvuelve en casa, donde se nota -”y no lo apreciaremos nunca en toda su justa importancia-” el buen cuidado y atención con que imparten esas básicas y sutiles reglas de conducta y educación todas las personas que se encargan de esa tarea tan elemental para la educación, especialmente fuera del hogar.

Significamos la atención de que disfrutan niños/as por parte de quienes están encargados de su cuidado a la salida de las clases y del comedor hasta la llegada de los familiares a recogerles, desempeñando un papel muy importante, dado que salen como «desenjaulados», pudiendo producirse incidentes, sólo evitables con la vigilante diligencia de sus cuidadoras/es. Los tratan con verdadero cariño, repartiendo besos si el caso lo requiere, brillando de manera especial en esta ocupación su aspecto vocacional. Hasta aquí estupendo, pero hay más.

Hay algo que resulta fascinante, y es que cuando tienen fiestas, o celebraciones tales como el Carnaval, o alguna jornada de actividad lúdica o bien con motivo de homenaje a los progenitores en efemérides generalizadas, se imponen tareas tales como la de confeccionar disfraces. Ese interés por satisfacer los deseos de los niños/as de manera tan altruista, tiene un valor impagable. Se trata sin duda de un encomiable afán de entrega plena a su tarea, en el marco de una ejemplar iniciativa de generosa y creativa voluntariedad.

En cuantos familiares conozco, a los que he tratado de sonsacar el grado de satisfacción que viven con la asistencia de sus niños/as al Colegio, he percibido como un clima de cuasi vanagloria contenida, corroborando su manifiesta conformidad, y elevando a la categoría de lujo, la suerte en la elección del Centro para la formación escolar de sus hijos/as.

Es muy posible que se pregunten a qué se debe esta mención especial al Colegio y a quienes lo gestionan. La respuesta no puede ser más sencilla. En todas las actividades de la vida existe un componente de buen hacer, y una obligación moral en su realización, pero a veces -”raras-” no se da esa connotación. Las quejas e insatisfacciones se manifiestan mediante una lluvia de críticas, a veces muy exacerbadas que no se justifican por sí solas. Si a esos esporádicos lapsus se les da excesivo pábulo, de justicia es que, cuando vivimos hechos de la dimensión como el que nos ocupa, lo aireemos a modo de homenaje y agradecimiento a quienes con su ejemplar comportamiento nos compelen a dejar constancia de la exquisita admiración que se merecen.

No quiero dejar pasar el ambiente de solidaridad y compañerismo del que disfrutan con los niños/as inmigrantes, donde la camaradería se expresa con nítida sinceridad y sin atisbos de desprecio alguno, -”fruto de la enseñanza que reciben-” celebrando que la exclusión racista brille por su ausencia.

Para terminar he de confesarles que soy muy exigente, -”hasta puritano si me lo permiten-”, y por tanto valoro en mucho el comportamiento de las personas que en la atención pública se vuelcan en dar satisfacción a los requerimientos que se les presentan en su quehacer diario, mostrando un semblante tan amable y eficaz en el ejercicio de su función.

Cargando contenidos...

Sólo nos queda felicitar al señor director y a todo el grupo de colaboradores, por la oportunidad que nos brindan de poder magnificar la labor de ese gran Colegio, esperando sea ejemplo vivo para el resto de Centros y compañeros/as tanto del sector público como del ámbito privado. No somos amigos de hacer comparaciones, pero sí nos comprometemos, en justa sinonimia, a dar a Dios lo que es de Dios, y al Colegio Público Quevedo el sincero reconocimiento que se merece.