El rincón | MANUEL ALCÁNTARA

Pelmazos a domicilio

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León

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De los que se encuentra uno por la calle, que es de todos, pero especialmente de ellos, hay que aprender a defenderse. Siempre en la medida de lo posible. Hay pelmas capacitados para darte la tarde aunque te los encuentres por la mañana, a la hora del aperitivo. Si cometes el error convencional de preguntarles ¿cómo estás? van y te lo cuentan. No saben si contamos con tres cuartos de hora para seguir minuciosamente las peripecias orgánicas por las que han atravesado últimamente y nos relatan la operación que sufrieron en el mismo tiempo que necesitó el cirujano para realizarla. Contra esos hay poco que hacer. A los otros, en caso de no poder eludirlos, nos debe confortar clasificarlos. Hay rollos adherentes y rollos taladrantes, pero no hay que excluir a los que hacen compatible ambas modalidades. O sea, que no puedes desprenderte de ellos o bien les basta con unos minutos para dejarle baldado. Qué razón tenía don Jorge Guillén cuando escribió eso de que no hay más que amigos y «lo demás es selva». Trepando por las lianas de los hilos telefónicos, desde hace mucho nos asaltan a domicilio unas voces, siempre persuasivas, ofreciéndonos algo que no necesitamos. Entran en nuestras casas, pero nos sacan de nuestras casillas ¿Cómo nos puede alguien sacar de la ducha o interrumpir nuestro trabajo para explicarnos lo mucho que nos conviene algo que no nos hace puñetera falta? Esa agresiva práctica comercial se llama spam, según tengo entendido. Una intromisión intolerable que, por fin, el Gobierno se dispone a prohibir. Ya era hora de que hiciera algo por nosotros. Hasta que el proyecto de ley se apruebe seguiremos inermes. Nos seguirán llamando a todas horas. Sobre todo cuando esperábamos otra llamada. Acaso oír otra voz que reconoceríamos inmediatamente, aunque hace mucho tiempo que-¦

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