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León

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Aquí y ahora carlos carnicero

Con excepción de Suecia y en parte de España, la crisis de la izquierda coloca el pensamiento progresista en posición de extrema debilidad en una Europa en cuyo parlamento hay una quinta parte de extremistas conservadores. Se han invertido los papeles. Mientras en Estados Unidos se está produciendo una verdadera revolución democrática, en Europa la indefinición y la falta de confianza del proyecto europeo se ve agravada por la exaltación de los movimientos conservadores. Pudiera decirse que los autores intelectuales de la crisis han logrado revalidar el poder mientras las fuerzas progresistas desorientadas se baten en retirada.

E spaña es una excepción relativa. En primer lugar porque la derecha tiene una división ideológica interna que sólo está paliada por las victorias de Galicia y de las europeas. No unen las ideas ni los proyectos: sólo la esperanza de alcanzar el poder. Pero en el seno del PP conviven proyectos contradictorios: las viejas teorías de Karl Rove que pretenden que la aglutinación del electorado más radical y la desmovilización del adversario son el único camino del triunfo electoral y quienes creen que la ocupación del centro político puede deshacer el inmovilismo del electorado. Pero ahora Rajoy es un líder victorioso prisionero de los esquemas del «Partido Popular de siempre» en palabras de Mayor Oreja que en la noche electoral le recordaba a Rajoy que los verdaderos líderes del PP siguen siendo los que gobernaron España bajo la dirección de Aznar. La muestra facilitada por la escasa participación electoral es demasiado corta para establecer conclusiones definitivas: pero hay un camino que pinta mal para Zapatero. El desencuentro del PSC con sus bases es profundo y podría motivar la pérdida del Gobierno de esa autonomía. Si eso ocurre, las generales del 2012 pueden deparar una sorpresa.

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