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León

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La aspillera | vicente pueyo

No están los tiempos para incremen tar las do sis de pesimismo. Hoy toca dejar a buen recaudo eso que tanto daño nos ha hecho (la resignación victimista) y montarnos en el optimismo sobre ruedas del Tren Ciudad de León y su ruta por la Montaña leonesa. Feve presenta hoy esta oferta turística que ya tuvo su prólogo el pasado verano pero que ahora llega más redondeada y atractiva.

La iniciativa enlaza con uno de los objetivos que, en el 2001, justificaron la reapertura definitiva de la línea León-Bilbao: la promoción turística de la montaña aprovechando el intrincado y sugestivo itinerario que sigue la vía del viejo hullero. La compañía de vía estrecha dispone ya de ofertas similares tanto en el País Vasco como en Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León. El Tren del Soplao, que acerca a la espectacular cueva cántabra del mismo nombre, el Tren de Cadagua, que posibilita un hermoso paseo desde Bilbao a Balmaseda, o el Tren de la Biosfera, que desde Gijón, te mete en la magia del Parque de Redes, son algunas de las nueve opciones que funcionan actualmente con creciente aceptación. El Tren Ciudad de León (que, combinando el tren con el autobús, seguirá el Torío hasta Vegacervera y Valporquero para seguir a Cistierna, Sabero y Boñar) comenzará a funcionar este próximo sábado y seguirá, siempre en sábado, en julio, agosto y septiembre, con la única excepción del sábado ocho de agosto, jornada que se celebra el Descenso Internacional del Sella y en la que Feve hace su particular agosto.

De todo esto se informará hoy con más detalle pero vaya por delante esta pequeña contribución a una iniciativa que merece ser apoyada sin remilgos por las instituciones. Si lo que se necesita en León es «amarrar» al turista para que deje de ser una fugaz ave de paso que se alimenta con urgencia del trinomio Catedral-San Isidoro-San Marcos, esta oferta invita a alargar la estancia tomando el pulso con más calma, no sólo a la ciudad, sino a esa esplendorosa montaña que estará desierta de gentes pero no de bellezas.

A todos aquellos a los que, en tiempos oscuros, gente sin corazón y sin talento nos robaron el tren, nos produce una especial satisfacción cualquier iniciativa que conduzca a la recuperación de líneas que se dejaron morir con la excusa de la deficiente seguridad y la baja rentabilidad... Ahí queda subrayada en el tiempo la responsabilidad política de quienes en su día, de un plumazo, hicieron tabla rasa del trabajo ímprobo, heroico, de tantas personas que abrieron rutas siguiendo el curso de ríos, cruzando valles, abrazando laderas, retando con osadía a una orografía hostil que parecía resistirse, que no quería verse invadida. La alternativa, la única alternativa, era entonces el asfalto. Y el ferrocarril quedó sumergido en un túnel de olvido del que, afortunadamente, ha podido salir en los últimos años aunque el daño causado a estas líneas secundarias -pero tan importantes- todavía se arrastra y se sufre.

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Esa sí es una asignatura pendiente porque no todo es ni puede ser Alvia o AVE. Ojalá iniciativas como la que hoy saludamos conduzcan a un definitivo cambio de «chip».