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León

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Historias del reino margarita torres

En Palermo nos llegó la triste noticia de la muerte del maestro Crémer. Si con Pereira perdimos el alma del recuerdo, con Victoriano la ironía de quien mucho porta a sus espaldas y a quien nada sorprende ya, pasado el siglo de existencia. Dos pasajeros distintos para un mismo barco, que se aleja en la laguna de Caronte, pero cuyo recuerdo quedará en las páginas de la memoria, el cariño y la admiración de los leoneses, un hueco que nadie podrá rellenar jamás en el corazón de los suyos. Esta semana, en particular, se echa de menos a Crémer, tal vez más que nunca, porque con su tinta fina hubiera sacado astillas de la madera financiera que se proyecta convertir en mueble de Castillileón. Un cuento que pudo haber comenzado así: erase una vez un viejo reino que contaba en su haber con dos cajas. A una la llamaron España, pues los monarcas de León antaño se intitularon emperadores de la piel de toro. Adoptaron el totémico bicho embistiendo a la manera valdornesa, y empitonó Caja España las deudas pucelanas, agujero negro que todo lo tragaba y sigue consumiendo hasta el hálito vital, y conservó su sede en el Alto del Portillo. A la segunda la denominaron Caja Duero, por aquello del río que divide y separa las bestezuelas hispanas del norte de las sureñas, cauce que hermana países, que ilustra con arte, vino y gentes un paisaje propio de riqueza y ensoñación. Quedó ésta anclada en la ciudad universitaria por antonomasia: Salamanca.

Y hete aquí que después del paso por nuestras vidas de eso que llaman Castillileón, invento de Satanás mismo en persona, salmantinos y leoneses, empobrecidos en todos los rankings que en el mundo han sido, se ven arrojados a las fauces del Ojo que todo lo ve desde Valladolid, que pretende apoderarse hasta de los calzones viejos y remendados que nos restaban, del calcetín de nuestros ahorros. Ansía nuestro particular Saturno engordar todavía más a costa de sus últimos hijos rebeldes, centrando en Valladolid hasta las cajas al alimón. Burgos, cabeza de Castilla mal que pese a algunos, se subleva, Salamanca se enfada, León se encabrona, nuestro amigo del Pisuerga se acoj-¦ y alzan pendones, soberbios, los leoneses de Caja España y Caja Duero dispuestos a la alianza contra el mal.

Sobre la teoría, resta difícil cuestión: ¿cómo evitar que las dos cajas más fuertes acaben en Valladolid? Sede oficial del gobierno, de la presidencia de la Junta, de todas las consejerías, del parque tecnológico referencial, del dinero, del poder, del empleo, del futuro. ¿Por qué no ahora también bancaria? Total, al fin y al cabo los tontines no protestan, y, si lo hacen, con llamarles catetos, aquí paz y después pelas. Y digo yo, siguiendo los razonamientos de los cocos y la ugeté : ¿qué habría de malo en dejar a Burgos con su capitalidad judicial, a Salamanca con la Cultural, a Valladolid de sede institucional que ya lo es, y a León con la bancaria? ¿Perdería eficacia el sistema? ¿Disminuiría ganancia? O es que quieren ya darnos el requiescat in pacem. Seguro que Crémer, burgalés de nacencia, leonés de vivencia y español universal ya estaría disfrutando en su columna con el tema. Maestro, dales un buen capón desde el cielo.

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