La reina, Garoña y la publicidad televisiva
El legado (6)
Es viernes todo el día y parte de la noche. Y en el cartel de la ciudad se anunciaba que precisamente todos los Viernes de guardar co rrespondían al acto importante del debate por libre de la ministra segunda de a bordo, y otra señora que respondía con mucha claridad a lo que le preguntaba sobre la defensa de la central nuclear de Garoña; la elección de la reina de las fiestas con lo que se da la señal de que León comienza a arder en fiestas y alguien de entre los asistentes al acto, se levantó para anunciar que en algún rincón de la Ciudad se desarrollaba un extraño acto cultural. Y puestos a elegir el tiempo que podía emplear en el tema más importante, después de muy cumplidas reflexiones, llegué a la conclusión de que, dadas las circunstancias, el precio de la leche frita y la conflictividad que implica para todo leonés que se precie, las elecciones europeas, lo verdaderamente trascendente del calendario era la selección de la reina para las fiestas de San Juan y San Pedro. Y más que nada alcancé este final de mi pesquisa, después de desterrados temas o problemas auténticamente llamativos, como el encuentro de las dos señoras presidenciales, prestas a contestar a todo cuanto se les lanzara, por entender que el sistema de los debates y de las entrevistas calculadas, están ya demasiado usadas para no acabar en el acto de la comedia más aburrido. En cambio, lo de la muchacha Sara, Sarita, Sara, Honrado de apellido y González por añadidura, se ofrecía en plena seducción de título monárquico y de belleza, para sostener la atención del personal con unos programas de fiestas tradicionales que parece ser que nunca satisfacen al personal. El Ayuntamiento, que quiere estar en todos los bautizos, se gasta la tira en cohetes, mascaritas y carrozas de papel e inunda la ciudad de charangas vascas. Y tod o lo que se les ocurre a los ilustres miembros del jurado es contratar a la Bombi o al Caníbal, un dueto de obreros parados.
No digo ni digamos que vayamos a proponer que el Ayuntamiento que es más chotis que el Punteras vaya a inventar novedades y sugerir actos culturales de alta gama, pero sí nos permitiríamos que, aprovechan do el precio de los huevos, se articulen programas de los cuales el vecino aburrido y hambreado pudiera sacar lecciones de buen amor y de mejor humor. Claro es que tampoco puede pedirse peras al olmo y tenemos la obligación de pagar y callar. Pero que conste que entre tantísima bazofia para combatir la crisis, el pueblo ha elegido a lo más brillante: la presencia, en forma de reina de Sara Honrado, de diecisiete años irrepetibles, de ojos grandes de foco penetrante, boca recién pintada y entreabierta para que el vecino pueda ver la dentadura de la dama y solazarse con su belleza. ¡Y ya es triste que entre tantísimos asuntos a los que somos convocados solamente nos cautive la sonrisa de una niña de 17 años! ¡Cuánta razón la que dice que vale más una imagen que cien ayuntamientos...!
Nota: Fallecido el pasado día 27 de junio a los 102 años de edad, Victoriano Crémer había adelantado, según su costumbre, una serie de artículos que el Diario de León, interpretando que cumple la voluntad del autor, publica bajo el epígrafe El legado y la referencia numérica de cada uno de ellos.