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León

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En blanco | javier tomé

Según aseguran todos los recuentos mediáticos, la juventud española está de enhorabuena, pues ya cuenta con un nuevo ídolo de masas que reúne todos los requisitos para convertirse en un clásico. Se trata del gran Kiko Rivera, más conocido como Paquirrín, que por exigencias del guión y para regocijo de las masas se ha pasado por televisión para revelarnos sus cumplidas tablas payasescas. ¡Vaya un globero!

Así a primera vista, la verdad, el interfecto no parece gran cosa, pues en opinión de algunas lenguas viperinas es la viva imagen de Kid Tarao. Otras señoritas, sin embargo, eligen obviar su cabezón de fregona, para resaltar ese cuerpo garboso creado para el pecado. En lo que unas y otras se muestran de acuerdo es que no estamos precisamente ante un aristócrata del espíritu. O dicho en otras palabras, que su elegancia tan poco buscada retrata con fidelidad a uno de tantos jetas que pululan por ahí, viviendo de la estulticia ajena.

Pero estábamos equivocados, pues semejante joya puso el cerebro a cocer para explicarnos, desde la pequeña pantalla, su versión del Evangelio según Paquirrín. Y aunque todo el mundo temía que el programa resultase más pesado que un discurso de Fidel Castro, lo cierto es que sus dotes de showman hicieron entrar en catarsis a España, mientras miles de corazones femeninos se encendían de latidos ante sus tabernarias bufas. Tan peculiar muchacho, convertido ahora mismo en el trofeo más codiciado del país, se ha destapado como una fábrica de crear ideas que derrocha, a modo de valor añadido, un glamour de la más alta escuela. Su filosofía de pachanga llega a tocar la tecla emocional, pues al igual que Atila, Paquirrín es un hombre nacido para hacer temblar-¦ de risblanco

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