«Ajo, agua y resina»
El corro | Pedro Vicente
Una de las tareas que se había impuesto Zapatero a raíz de la última remodelación gubernamental era la de intentar coordinar las medidas anticrisis con las comunidades autónomas. No parecía razonable que, al margen de las sucesivas medidas adoptadas por el Gobierno central, se estuvieran desplegando diecisiete planes autonómicos diferentes -”y en determinados aspectos, divergentes-” contra la crisis. El vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, era el supuestamente encargado de impulsar estrategias comunes que evitaran solapamientos y disfunciones en esta materia. Sin embargo, no consta ni siquiera que lo haya intentado. El Gobierno Zapatero y las comunidades autónomas han seguido a su bola, propiciando además con ello nuevas desigualdades sociales y económicas en función del territorio. Las subvenciones públicas a la compra de automóviles nuevos constituyeron un buen ejemplo de ese desajuste, aunque no el más importante.
En Castilla y León nos encontramos ahora con otro bastante más lamentable. La Junta ha tenido que suprimir el subsidio extra de 421 euros mensuales que lleva pagando desde junio a los parados que han agotado todas sus prestaciones de desempleo. El motivo es que ese mismo subsidio (con la única diferencia de un euro menos) ha sido establecido en el pasado Consejo de Ministros como medida de ámbito nacional. Dada la incompatibilidad entre ambos subsidios, el gobierno autonómico se ahorrará los 22 millones de euros que tenía presupuestados al efecto, cantidad que tenía previsto incrementar, ya que el número de demandantes en la comunidad había desbordado ampliamente las previsiones iniciales. La Junta, faltaría mas, se ha comprometido a destinar la cantidad ahorrada a fines análogos, como pudiera ser la Renta Garantizada de Ciudadanía pendiente de regular en el Consejo de Diálogo Social a la vuelta de las vacaciones.
Se comprende la dificultad de que las distintas administraciones coordinen sus políticas cuando es frecuente que ni siquiera en el seno de cada una de ellas exista esa obligada coordinación. En ocasiones las medidas tomadas por un Ministerio o una Consejería determinada se dan de bruces con las tomadas por otro departamento del mismo gobierno. Pero lo que ya riza el rizo es que se tiren piedras contra el tejado propio.
Así, el consejero de Sanidad, Álvarez Guisasola, ha reiterado estos días su oposición a crear nuevas Facultades de Medicina, argumentando que ello acabaría causando mas paro entre la profesión médica. Con ese argumento -”que en todo caso debería ser esgrimido por el Consejero de Educación-” en estos momentos habría que cerrar un montón de Facultades, de Medicina y de casi todo, en toda España. Pero lo mas sorprendente es que Guisasola se aferre a esa tesis mientras el servicio autonómico de Salud (Sacyl), del que es responsable, sigue sufriendo deficit de médicos. Uno piensa que al Consejero de Sanidad debería preocuparle no que sobren médicos sino que falten, pero en Castilla y León es al contrario. Aunque Castellón queda lejos, estamos abocados a la receta prescrita por el inefable Ricardo Fabra: «Ajo, agua y resina».