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León

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Fronterizos | miguel Á. Varela

Sobre la placidez del verano asoman nubarrones en forma de titulares que presagian un otoño tormentoso. El gobierno se monta un «foto call» agosteño para que todos comprobemos la sacrificada laboriosidad del ejecutivo pero sólo consigue caldear las oficinas de empleo, asaltadas por parados para los que se ha levantado una expectativa que no se cumple, además de echar una mano por vía de urgencia al grupo de comunicación cercano: los favores hay que pagarlos cuanto antes. Mientras los números económicos del entorno europeo parece que empiezan a remontar, aquí se nos advierte que el frenazo en la caída del paro puede debilitarse en los próximos meses, cuando se vayan acabando las obras del Plan E; los bancos siguen con la caja cerrada a cal y canto en la financiación empresarial; los «eres» no cesan; las administraciones las pasan canutas para llegar a fin de año por la caída de la recaudación; los programas festivos se aprietan el cinturón presupuestario y hasta la hostelería anda quejosa porque el turismo europeo nos abandona. En el Bierzo han vuelto a los periódicos las noticias sobre el carbón mucho antes de los especiales de Santa Bárbara y cuando por aquí salen titulares a destiempo sobre el tema es que las cosas no pintan nada bien: montañas de mineral viajero que nadie quema porque las centrales llevan meses sin colocar un kilovatio en la red. Y como consecuencia de todo esto, nos enteramos de que en León las atenciones para necesidades básicas de Cáritas en lo que va de año se han duplicado con respecto al año pasado y en Ponferrada el Banco de Alimentos, que desarrolla una impagable labor entre los colectivos más necesitados, se ha visto desbordado por el incremento en las peticiones de ayuda: un 50% más que en el ejercicio anterior. Y aunque ahora es agosto y las noches invitan a la despreocupación, me temo que nos enfrentemos a un otoño especialmente duro.

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