Vísperas de lo mismo
El rincón | manuel alcántara
Aunque digan que es lo último que se pierde, la esperanza también tiene fecha de caducidad. El presidente Obama, que ha sido su gran depositario, ha vuelto a juntar dos palabras terribles para justificar el despliegue militar en Afganistán: «Es una guerra necesaria». Según los estudios de sus estrategas, se precisan unos catorce años para acabar con la insurgencia, que no empezó de la noche a la mañana, aunque haya sumido en la oscuridad a muchos miles de personas. Por cierto, no todas creyentes en esa divinidad que utiliza diversos pseudónimos. Washington prevé un despliegue de 68.000 soldados antes de que acabe este año, también llamado de paz. ¿Cuántos muertos, cuántas medallas, cuántos himnos, cuántos héroes quedan todavía en lo que queda de Bagdad y en Afganistán, que acaba de celebrar las primeras elecciones democráticas de la historia? Es la costumbre más antigua de la humanidad esa de matarse mutuamente. O se está en guerra en algún sitio o se está en vísperas en varios. Siempre están redoblando los tambores. Hace mucho tiempo que Mao se preguntó por qué queremos la abolición de la guerra, ya que estaba convencido de que sólo puede ser abolida mediante ella misma. Para librarse del fusil es necesario el fusil, dijo. Lo triste es que ahora Obama haya llegado a idéntica conclusión y hable de «guerra necesaria». ¿Cómo suenan esas palabras cuando se está en la playa, o en la feria o en la cola ampliable para cobrar los 420 euros del subsidio de desempleo? Al fin y al cabo, de estos sitios se vuelve.