De nuevo los incendios
Con viento fresco josé A. balboa de paz
El viernes, por la radio, escuché las palabras indignadas del delegado territorial de la Junta de Castilla y León en nuestra provincia que llamaba «hijos de mala madre» a algunos incendiarios. Me extrañó un tanto, pues Eduardo Fernández suele ser más diplomático e incluso melifluo en su trato con las personas y la prensa. Más tarde entendí la razón de su justificado cabreo, al enterarme de cómo la provincia ardía, con numerosos focos de fuego, por sus comarcas más boscosas: Omaña, Laciana, la Cabrera y el Bierzo. De hecho, durante el fin de semana he visto cruzar ininterrumpidamente por encima de mi cabeza los helicópteros e hidroaviones para apagar los fuegos terroríficos de las inmediaciones de Villafranca del Bierzo, creo que en Puente de Rey y Trabadelo, zonas especialmente arboladas, con mucho roble, encina y castaños. Todos esos incendios, al parecer, han sido intencionados; y de esa mala intención han resultado quemadas más de 3.000 hectáreas de bosque y matorral, el doble de lo arrasado por todos los incendios de la temporada de este año.
Quemar el bosque nunca se hace con buena intención, y menos cuando al mismo tiempo, y muchas veces por la noche, aparecen focos en lugares distantes entre si. Desconozco qué intereses se esconden tras la mano de estos pirómanos. Serán hijos de mala madre, pero no creo, excepto en contados casos, que estos delincuentes lo hagan por gamberrismo, maldad o porque no tienen nada en la mollera. Los fuegos responden a intereses inconfesables pero bien conocidos. Los más estrechamente relacionados con ellos tienen que ver últimamente con los derechos de caza, como sospecha Germán Valcarce, pedáneo de San Cristóbal de Valdueza, respecto al incendio de Manzanedo de Compludo; otros tiene que ver con negocios urbanísticos y madereros, pues la madera semiquemada tiene valor; muchos creen que son los pastores que buscan zonas nuevas de pasto, práctica secular en comarcas como el Bierzo y la Cabrera; incluso hay quien piensa en los mismos que luego han de apagarlos, aunque esto es un poco retorcido.
Prevenir los incendios es la mejor política forestal. Me parece que en esa batalla se ha logrado avanzar considerablemente y que en estos últimos años se rebajaron el número de incendios y la cantidad de hectáreas quemadas; pero esto último se refiere sobre todo a los incendios naturales -entendiendo como naturales, que no siempre lo son, aquellos que surgen a causa de rayos en las tormentas, reflejos del sol sobre algún cristal, etc. Los otros, los intencionados, son más difíciles de prever, pues se hacen a escondidas y en horas intempestivas. Un verano tan caluroso y seco como éste favorece los incendios y a esos pirómanos delincuentes. La Junta parece que ha puesto un avión espía, un avión de vigilancia contraincendios que no solo buscará prevenir el incendio sino captar al que lo hace, mediante visión infrarroja, que detecta los focos de calor pero también puede reconocer a los que lo hacen. Es una buena medida preventiva, sin duda.
Sería bueno localizar a estos pirómanos y que sobre ellos recayera el peso de la ley, pues lo que están haciendo es un delito, que ha provocado incluso lesiones a varias personas este fin de semana: habría que darles un buen escarmiento. Pero sólo hay tres medios para atajar los incendios y sus consecuencias: 1) La limpieza de los bosques, algo manifiestamente mejorable (¿no sería mejor que algunos parados recibieran no una prestación insuficiente de 400 euros, sino un salario digno y se dedicaran a cuidar los bosques durante el año?). 2) La creación de buenos equipos contraincendios. No se puede evitar el que haya fuegos, pero si minimizar sus efectos. Creo que tanto la Junta como el gobierno central han hecho un gran esfuerzo, con resultados aceptables, pero también esto es mejorable. 3) La concienciación ciudadana, pues en algunos casos -”por ejemplo en los derechos de caza o en la búsqueda de pastos-” los pueblos suelen encubrir a quienes los cometen ¡Ya está bien de esta falsa solidaridad!