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León

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El rincón | manuel alcántara

Está muy extendida la opinión de que una persona simpática es la que tiene muchos dientes y, no contenta con eso, se ríe sin motivo a todas horas para enseñarlos. Muchos de los que incluíamos en ese apartado a mi paisana la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, estamos revisando nuestras convicciones. Está poniéndose pesadísima. No sólo con el asunto de la vacuna, diciendo que ella no va a dejar que la pinchen, aunque haya vacunas para todos, sino que no va a dejar que fume nadie, aunque ella no fume. Con ambos temas ha encontrado una mina, mejor dicho, dos. Total, que la retratan todos los días haciendo las mismas declaraciones.

Ahora está dispuesta a prohibir fumar en todos los espacios públicos, incluyendo lugares de ocio y restaurantes. Dicho de otra manera: sólo va a consentir que los depravados fumadores encendamos un pitillito en el retrete de nuestra casa. Los hosteleros dicen que la medida, que hace tiempo que les estaba buscando las cosquillas, les buscará ahora la ruina. Declarar espacios sin humo a los bares y a las discotecas equivale a decretar su cierre. Muy oportuno en tiempos de crisis. Menos mal que, como tantas otras determinaciones estatales, estará paliada por su incumplimiento. No habrá más de tres mesoneros que le hagan caso a doña Trinidad. Sobre todo teniendo en cuenta que hace muy poco les hizo gastarse una buena pasta en habilitar sitios para los abyectos fumadores.

La desconexión con la realidad sigue siendo uno de los problemas mayores de nuestros eventuales gobernantes. Muy recientemente, Trinidad Jiménez declaró que con su salario de ministra, que es su único ingreso, tenía lo suficiente para vivir. Una buena administradora, sin duda. Claro que no se gasta nada en tabaco.

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