Nueve años sin Lluch
Panorama | fabián estapé
El calendario me lo recordó: el pasado 21 de noviembre se cumplíasn ¡nueve! años de la salvaje muerte de Ernesto Lluch Martín; nueve años desde que una vida llena de esperanzas y proyectos fuera interrumpida de dos disparos en la cabe za; nueve años desde que la sociedad española perdiera a una de las personas más brillantes que han dado su luz en las esferas social, política, económica, académica-¦ Es éste un periodo triste, lleno de añoranzas, entre las que destaca el semblante de uno de mis mejores -”realmente, el mejor-” discípulo que he tenido a lo largo de tantos años de docencia.
Ernesto Lluch nació el 21 de enero de 1937 -”quizá premonitoriamente-” bajo los estruendos violentos e indiscriminados de la aviación italiana bombardeando Barcelona -”entre el 13 de febrero de 1937 y el 24 de enero de 1939, la Ciudad Condal sufrió 385 ataques aéreos-”. Este mes en el que el otoño da paso al frío invierno, se cumplen muchos, demasiados, años de la muerte de un catedrático de la Universidad de Barcelona y ex ministro de Sanidad y Consumo del primer Gobierno de Felipe González. Paradójicamente se fue de forma violenta, un hombre pacífico, siempre abierto al diálogo y fiel defensor de la idea de que el «otro» puede tener razón-¦ ¡Qué irónico!.
Ernest Lluch fue un hombre convencido de la necesidad de hablar, de escuchar y de acometer tareas importantes , aunque ello le acarrease más de un desengaño-¦ Después de la victoria del Partido Socialista en las elecciones de 1982, el propio Felipe González convocó a Lluch para administrar la cartera de Sanidad y Consumo, donde llevó a cabo con éxito la ardua redacción del Plan Nacional de la Salud. Logró poner en marcha un sistema que, desde 1985, sigue incólume pues la idea inicial de la que partió es, realmente, irreprochable: la «atención sanitaria para todos»-¦ Confidencialmente, Ernest Lluch, mi amigo, mi discípulo, me confesó que, tras poner en marcha la Ley de Sanidad, había dormi do «como un tronco», pensando en los millones de españoles y españolas a los que había protegido con el nuevo sistema sanitario. Tras cesar en el Ministerio, recibió el encargo de renovar la vetusta Universidad Menéndez y Pelayo. La labor fue ardua; sin embargo, aún se reconoce que los siete años de rectoría de Ernest Lluch fueron providenciales y cruciales para devolver a esta institución, sino todo, buena parte del esplendor que había tenido en tiempos de la Segunda República.Poco antes de su muerte, Ernest Lluch había vuelto a la tarea de su vida: la docencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona, donde consiguió rodearse de un grupo selecto de discípulos, que siuen recibiendo su aliento. Desgraciadamente, ya no tendrá más la posibilidad de demostrar su gran humanidad y todas sus facultades como economista, como político, y, sobre todo, como ciudadano ejemplar-¦ Esto no me permite olvidar que todavía, en nuestro país, planea «la sombra de Caín»-¦