la opinión del lector (III)
Hay que hacer las cosas bien en Busnadiego
Paso parte del verano en el pueblo leonés de Busnadiego. El lugar es encantador, situado en la montaña, soleado y con unas vistas al sur que cualquiera quisiera tener: el famoso «Marti Tileno» de los romanos, para nosotros el Teleno. Como digo, un lugar privilegiado.La gente de este pueblo es encantadora, seria y reservada como suelen ser los habitantes de la montaña, curtidos por los duros inviernos de esta zona. En honor a la verdad, y como ocurre en todos los pueblos, siempre hay algún desacuerdo entre vecinos, pero ¿qué serían los pueblos sin estos rifirrafes? Dicho esto, me gustaría hacer hincapié en algunos detalles que tal vez por desconocimiento de formas o por otras circunstancias suceden y crean algo de malestar y que a mi modo de ver, se pueden evitar. Tenemos en el pueblo, colgado en la pared de la Iglesia, un tablón de anuncios maravilloso, en el que podía figurar información que no sea solamente las «normativas impositivas» del Ayuntamiento. Me he enterado, por casualidad, que se va a asfaltar la plaza del pueblo y sinceramente me parece una idea fantástica, pero por favor cuanto menos cemento mejor. Pido al responsable de la obra que se haga lo más acorde posible con el entorno y lo respete. Miremos por un momento hacia atrás. Hace unos años llenaron de cemento las calles de Filiel. ¿Cómo están hoy esas calles? Llenas de agujeros y de desconchones. En la misma época (más menos) arreglaron las calles de Quintanilla. ¿Cómo están? Como el primer día, sólo que un poco más viejas. El cemento en esta zona, señor encargado de la obra, donde la climatología es severa, a mi modo de ver, es un fracaso. ¿Por qué no se pregunta a los vecinos y a quienes pagamos nuestra contribución religiosamente, por tener una casa en el pueblo? El que tenga que tomar la decisión de hacer la obra podría así tiene más elementos de juicio para poder opinar. A lo mejor, en un momento dado, con el apoyo de todos, exijan la ejecución de la obra de una forma concreta evitando que lo vaya a hacer alguien a quien le importe «un pito» como quede, porque él no va a vivir en el pueblo. También, me pregunto a mí misma, porque pregunte a quien pregunte no tengo respuesta, por la fuente tan maravillosa que tenemos: le das al grifo y no echa agua. Y además: ¿por qué está cerrada y candada con llave? Es a mi modo de ver vergonzoso que pasen personas por el pueblo —ciclistas, senderistas, gente de paseo, etcétera— se acerquen a echar un trago y la fuente no eche agua, o que vengan los encargados de analizar el agua y tengan que ir a mi casa (fíjense qué coincidencia) para tomar las muestras y hacer los análisis. A ver si esta carta sirve para sensibilizar a quien corresponda y para que a estos preciosos pueblos no les quiten su encanto y su autenticidad.