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León

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La veleta | Javier Martín-Domínguez

E s imposible poner puertas al campo. Es la mejor metáfora terrenal que puede aplicarse al mundo galáctico de las redes. Y no porque los límites no se puedan marcar con muros o alambradas, sino porque la vida propia del campo, con sus hierbas, sus flores o sus animales es un ecosistema tan vivo que no se puede controlar. A no ser que se recurra a la medida extrema de la tierra quemada.

El milenio ha traído la implantación de un artefacto de comunicación global, que ha alterado en un tiempo récord los modelos de difusión y acceso a la información. También ha promovido cambios más profundos. Lewis Mumford, sociólogo e historiador de la tecnología, escribió que «la pasiva dependencia de la máquina, que ha caracterizado grandes secciones del mundo occidental en el pasado, era en realidad una abdicación de la vida»; y añadió que una vez que cultivásemos las artes y la vida directamente, «la proporción ocupada por la rutina y los instrumentos mecánicos disminuirá de nuevo».

La nueva tecnología digital se ha hecho tan dúctil, que las formas de estar en la vida de los ciudadanos van tomando esa dirección. Ciudadanos libres con tecnología en sus dedos para comunicarse con cualquiera, a cualquier nivel, con el único límite del abono para la conexión. Vídeo, voz, archivos, música, bibliotecas virtuales... El mundo entero en su rendición digital, creando un nuevo tipo de sociedad.

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Conquistada desde el principio, la libertad de acceso de todos, y todos al mismo tiempo, se da por supuesta en esta nueva plaza pública global. Y así debe permanecer, porque es igual al aire o el agua que necesita esta nueva sociedad. La tentación totalitaria de los gobiernos por condicionar los accesos a la Red nos retrotrae a tiempos bajo represión. Si el problema es que en la Red se exponen mercancías ilegales, dudosas o robadas, que se ataque en origen esa situación, como en cualquier mercado. Penar a los supuestos piratas por usar el más democrático de los medios no tiene sentido alguno en una sociedad libre como la actual. Los millones de usuarios de la Red saben lo que pueden tener y lo piden. Son la gran base actual de la opinión pública. No sólo opinan, se activan a través de sus páginas web, sus correos masivos, sus redes sociales o sus blogs. El mayor enemigo para un poder establecido o el mejor colaborador. Dejemos la libertad en las redes y estaremos dejando que el nuevo milenio se constituya a su manera y no bajo viejos patrones, para no perder el ritmo de la historia y la libertad.