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León

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De siete en siete | rafael monje

Me temo que la incidencia de la IV Conferencia de Presidentes Autonómicos en la vida de los ciudadanos va a ser inocua como creo que fue la anterior, celebrada en enero de 2007 y en la que, por cierto, se llevaba la complicada agenda del agua y la política en I+D+i, cuya apuesta se ha traducido, curiosamente, en un significativo descenso en los Presupuestos Generales para el próximo ejercicio.

Todo hay que decirlo. Este tipo de reuniones nació en 2004 con el loable ánimo de sentar en la misma mesa al jefe del Ejecutivo central y a los presidentes de las 17 comunidades y las dos ciudades autónomas para debatir sobre asuntos de interés territorial y trasversal, pero en la práctica, bien por su encorsetado formato, bien por la manifiesta incapacidad para llegar a consensos básicos, adolece de la deseada aprobación de acuerdos en cuestiones consideradas de Estado. Cierto es también que las dos primeras convocatorias se cerraron con avances en materia de financiación sanitaria, lo que hacía presagiar que estos encuentros al más alto nivel permitirían dar un salto cualitativo en la imprescindible colaboración y entendimiento entre Gobierno y comunidades autónomas. Sin embargo, el desinterés en mantener un mínimo rigor de calendario y la confrontación política han derivado de nuevo en una mera convocatoria en la que la importancia venía más bien dada por el orden del día que por la voluntad real de suscribir acuerdos. El formato no ayuda. Cada presidente autonómico dispone de sólo tres minutos y, además, el encuentro se presenta sin la suficiente preparación previa, una fase determinante en cualquier debate político que se precie. Así las cosas, la cuarta Conferencia era, en gran medida, la crónica de un fracaso anunciado en el que sólo el consenso a la hora de abordar la política europea, la declaración unánime contra la violencia de género y el consenso sobre la relevancia estratégica del sector agroganadero salva los muebles de una reunión mal concebida desde el principio. La improvisación con la que se trató el principal punto del encuentro, la coordinación de políticas anticrisis y de fomento del empleo, es la prueba más evidente de que la convocatoria se ha gestado sin red, a pesar del documento que llevó a última hora la ministra del ramo y de que se aceptará parte del decálogo de los «populares». Una vez más, y esto es lo tiste realmente, se ponen de manifiesto los errores de convocatorias precedentes, porque resulta un imposible pretender que en una sola jornada, y sin documentación previa, se pongan de acuerdo todas las comunidades en las que, como se sabe, hay unas siglas políticas detrás de cada gobierno autonómico, y eso se nota-¦ antes, durante y después.

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