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León

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El blanco | javier tomé

Sin la cartera llena no somos nada, decisiva reflexión surgida de la privilegiada mente de Pérez, el perillán que se lo pasó de perlas en Mallorca. Entre ligue y ligue, otro visionario llamado Bill Clinton ya explicó antaño que: «¡Es la economía, estúpido!». Aserto que parece dirigido al presidente Zapatero, de quien sus rivales políticos aseguran que no tiene un plan B, y ni siquiera plan A. La causa del colapso de los mercados financieros es muy simple: enorme codicia alimentada por fraudes e irresponsables transferencias de riesgo. O dicho en otras palabras, la zafia obsesión por el dinero es la que ha llevado al mundo a vestir de negro luto, al tiempo que crece de forma espeluznante la brecha entre ricos y pobres. El dinero habla, eso lo sabemos de sobra, aunque todo parece indicar que Zapatero no escucha, deficiencia acústica que se traduce en una caída en picado de las previsiones electorales socialistas. La oposición se frota las manos ante la situación de este país que parece agotado y sin rumbo al cierre del año 2009, mientras Rajoy procura no hablar para que no se le vea demasiado el cobre.

Y a todo esto, los técnicos del Ministerio de Hacienda aseguran que los trabajadores españoles soportan un esfuerzo fiscal superior a la media europea, debido a unos sueldos de calderilla. Además, afirman tener las manos atadas para la lucha contra el fraude fiscal, ya que el 26% de los inspectores de Hacienda y el 45% de los interventores se encuentran en situación de excedencia, entre ellos el atlético Aznar. Por eso, se da la risible circunstancia de que los trabajadores y pensionistas tributan infinitamente más que los empresarios. Semejante cristo social debería ser objetivo prioritario para un gobierno que presume de progresista, pero va a ser de que no. Así que sólo nos queda preguntarnos unos a otros eso tan manido de: ¿Estás en paro o diseñas?

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