Publicado por
pedro trapiello
León

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Los empresarios de Valladolid han querido exhibir su condición de bueyes tuertos, tercos «bueis» derrotando hacia su cuneta particular e impidiendo que el carro avance o enderece. Lo han hecho con CajaEspaña como asunto de sus cabreos y baladronadas. La fusión les ha «moscado» y parece envenenar su arrogancia el que por una vez el epicentro del momio o del invento no esté a la sombra de la estatua de Zorrilla y sean Salamanca y León las ciudades con más peso en la estrategia territorial del nuevo ente resultante. Su amenaza de dejar de trabajar con la nueva entidad bancaria para pasarse con armas, bagages e insultos a caixas, cajamadriles o santanderes es de tal bajeza y disparate (además de ser mentira), que sólo les cabrá (si es que no les cabía ya) el calificativo cum laude de tenderones paletos, caciquetes provincianos y nuevos riquetes malacostumbrados a que el chollo y el privilegio pasen siempre por su acera. Que anuncien su deserción del ahorro regional para dar un beso en el culo al enemigo bancario de fuera les retrata.

En las periferias autonómicas donde el frío llega el primero y la calderilla la última no puede entenderse tanta voracidad, ese zamponismo tan facilón e insolidario que les ha proporcionado la concentración vallisoletana de entidades, administraciones y tentetiesos. Lamentablemente, esos empresarios que han sacado a pacer su lengua de «bueis» necios jodiendo los sembrados con las pezuñas más que con los dientes o subiéndose al tejado para buscar hierba no dejando teja viva, vienen a dar la razón a un odioso refrán enviciado de estereotipo que encañonaba antaño a esa ciudad al definirla de esta manera: « Mierda, moscas, gitanos y ganas de ser Madrid... ¡Valladolid !». Porque todo son ganas. Y entre las ganas, las de joder son la que menos se ocultan y se aguantan en el colectivo tendero que hizo estas declaraciones.

En fin, aplaquen sus ilustrísimas empresariales vallisoletanas las ínfulas despepitadas, despójense de su toga y tenderete, párense a pensar, eleven la mirada por encima de su corral... y seguramente un día verán algo más que ombligo comprendiendo que la prosperidad de cualquiera dependerá siempre de la solidaridad con el resto.

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