Cornada de lobo | pedro trapiello
Mano que cacarea
Se juntaron en Haití más teles y periodistas que bomberos sin fronteras (o con ellas), esa buena gente que hurgó sin tregua entre escombros afanadose en rescatar vivo el último aliento de una anciana, un niño o un flaco paisano de mirada espantada. Entonces, las cámaras brincaban de emoción informativa y transmitían a la cadena y al mundo el alborozo. Todos los telediarios del planeta demandaban cestos y cestos de imágenes trágicas de Haití, historias tremendas, retratos humanos y sopa de calamidades. Fueron miles los periodistas que se arrimaron a la isla. Tantos, que los americanos se pusieron la chapa de sheriff (por antigüedad en lo de sacar la porra) y se dedicaron a echar a no pocos del aeropuerto por sus benditos cojones. Aún así, quedó un pilón de ellos. Y si están allí, habrá que darles espacio, páginas, minutos. Las televisiones se volcaron. Con tanta carita de niños de chocolate con lágrimas, mocos y esparadrapos, esta es una tragedia de impacto con más tirón de audiencia que el mejor de los realitys. Para mantener la espectacularidad de esta tragedia en pantalla son necesarios muchos minutos... ¡más minutos, más madera!... Los minutos en televisión son dinero; y algunos, oro macizo. Los managers son siempre los primeros que huelen la fantástica oportunidad de hacer caja en estos tirones, así que organizaron en dos días un megafestival solidario con las actrices y actrizos de más renombre, la releche, y un superconcierto de los del topten con multitud de amigos famosísimos que suben al escenario cantando juntos el we are the chilrdren . Las teles organizan maratones de donativos y hasta Karmele Marchante es sor Amparo. La caridad se sube a los campanarios. La caridad es una valla publicitaria. ¿Habrá alguna estrella del deporte que no se haya asomado a la tele con un talón para los negritos? Parece como si hubiera una carrera por ver quién pregona mejor su donativo. El espectáculo es obsceno. La manos cacarean. No hay pudor. Sócrates V. cree que, para convertirlo en papel mojado, se están meando, pero meando a chorro y alevosamente, en el cabal consejo evangélico que insta a ser discreto en la caridad para que la mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha. Pues ahí lo ves.