Diario de León

Cornada de lobo | pedro trapiello

Contra el viento

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pedro trapiello
León

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Estrenamos esta crisis sonriéndonos de los vigías y choteándonos de los profetas de los números. Ahora que se multiplican los lunes al sol, enfadados o impacientados todos, ya no la llamamos crisis, sino puta crisis . Con este optimismo crece el malhumor de malababa tan nuestro y hay contagio epidémico de zozobra, cabreo, miedo y sulfuro, que es a lo que huele el purgatorio sin ninguna duda. Y purgando andamos. Empiezan los nervios de verdad. Cada día amanece con recrecida escandalera política y, acto seguido, sobreviene la tromba mediática, el bombardeo de noticias malas y opiniones contradictorias que nos sepultan la buena fe.

Se hace ruido, demasiado... se escucha esta algarabía nuestra hasta en la calle Wall de New York; y de la espalda de aquel templo de las finanzas nos rebota un eco de espantadas que pone patas a la inversión y a la Bolsa. Allí, los maestros del dólar nos dan coscorrones y soplamocos con el Financial Times enrollado y nos mandan de rodillas al fondo de la clase... y de rodillas, señor, ante tu sagrario le cantamos al presidente del Fondo Monetario Internacional o del Banco Europeo para que nos den de comulgar no sólo hostias... o sea, cataplasmas, palmadita y créditos.

No por eso aplacamos la barrila nacional. Es más: razones, copes, abeceses, intereconomías, fegueguicos, teletrincheras o pastorales creen que esta devastación económica, amén de la corrupción moral, es causa belli para elevar clamores y arremeter a topetazos. Y ahí estás tú, sí señor, inocente y terco en tus trece repitiendo la consigna: ¡Zapatero es el culpable!

Yerras si crees que Zapatero, él solo, fue capaz de urdir el pifostio general que te sombrea. Le estás reconociendo una talla gigante. Insiste por ahí; te lo agradecerá. Y si quieres, como Aznar, blandir el dedo pirulo tieso, adelante. Te recuerdo que nos miran todos. No damos buena imagen. Allá tú y tu dedo. Pero ahora que no tenemos el coño pa ruidos y vienen de nalgas nuestros engendros económicos, sosiega la visión, no te desgañites tanto y nunca olvides que no debe mearse contra el viento. Lo digo porque te estás mojando los zapatos... y los del vecino.

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