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«Mi familia me pide que me quite el velo»

Adeela Hussain estudia hace seis años en León con el pañuelo islámico

Adeela Mariam estudia en la biblioteca.

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carmen tapia | león
León

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Adeela Maria m Hussain decidió a los trece años ponerse el velo islámico. Ahora tiene diecinueve. Estudia en el instituto Padre Isla desde hace seis, cuando llegó a León procedente de la ciudad pakistaní Gujar Khan. Normalidad es la palabra repetida por los responsables del centro, sus compañeros y por su familia. Pedro Víctor, jefe de estudios, asegura que el centro tiene normas y no permite la gorra con visera. Pero a Adeela nunca le han pedido que se quite el velo. Los centros educativos tienen autonomía en la regulación de la vida dentro de los mismos y la Ley y la Constitución defienden la libertad religiosa. El juez decano de León, Juan Carlos Suárez Quiñones es claro: «Entiendo que este tema debe ser interpretado bajo las premisas de la buena fe, la búsqueda de la integración y la convivencia pacífica y, por lo tanto, evitando la confrontación y la creación de problemas donde no los hay».

El padre de Adeela, Gulfraz Hussain, dirige la Asociación Pakistaní de León, integrada por una treintena de personas. Adeela es la única mujer pakistaní de León que lleva pañuelo. Su madre, su hermana, sus tías y su abuela no se lo ponen. «Mis padres me piden que me lo quite, pero me siento bien física y psicológicamente, y más segura».

La encontramos estudiando en la biblioteca del instituto. Quiere ser psicóloga, «me gustaría salir de León, conocer a más personas y ampliar mis relaciones sociales». Culpa a la chica musulmana de Madrid de ser la causante de la polémica en un colegio de Pozuelo de Alarcón, «hay que respetar las normas del colegio y ella tenía que haberse ido a otro centro sin armar tanto escándalo».

Su fe y la creencia de que esta decisión le ayuda a sentirse bien con su Dios la motivaron a cubrirse el cabello, «ésto ocurre también aquí, los católicos se sienten mejor si van a misa». Reza todos los días, «sé que está anticuado», sonríe, y lo hace para pedir por un mundo «en el que se respeten las culturas, porque la diversidad es lo que hace un mundo mejor». Con su grupo de amistades sale a pasear por la ciudad, pero no entra en una discoteca, «además de por mi religión es que no me gusta, prefiero leer libros, leo mucho».

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No le importa lo que piensen los demás sobre su aspecto: «Mi filosofía de vida es no hacer caso de lo que digan los demás». Asegura que su experiencia demuestra que su velo no es fruto del sometimiento, «no se pueden meter todos los casos en el mismo saco. Las mujeres que lo llevan obligadas deberían re belarse».