Diario de León
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Panorama | antonio papell

El Partido Nacionalista Vasco, desplazado del poder en Euskadi por la coalición PSOE-PP que consiguió formalizar por primera vez el pasado año la alternancia en Euskadi, oxigenando así a la sociedad del País Vasco y otorgando nuevas perspectivas a la solución del problema etarra, ha conseguido rentabilizar su derrota hasta tal punto que, muy probablemente, saldrá fortalecido de la pérdida del Gobierno.

Con habilidad y pocos escrúpulos, la formación dirigida por Urkullu se ha desmarcado del impopular ajuste duro llevado a cabo por el Gobierno, pero no ha tenido el menor empacho en sostener al Gobierno en los Presupuestos Generales que lo materializan, a cambio de jugosas contrapartidas, que, en esencia, le conceden una indiscutible hegemonía política y social en Euskadi -”puede atribuirse el logro de nuevas y codiciadas competencias aun no gobernando-”; le permiten mostrarse como la única y verdadera fuerza -˜central-™ de Euskadi capaz de arrancar al poder central parcelas de autogobierno, y le otorgan incluso un papel de primera línea en el proceso de desaparición de la violencia, del que hubiera podido quedar descolgado de no haber adoptado esta postura intervencionista. Por añadidura, los nacionalistas se aseguran así el apoyo socialista a los presupuestos de las diputaciones forales y obtienen la promesa de que el PSE será receptivo a su deseo de que, tras las municipales, gobierne en cada localidad la lista más votada, lo que excluiría los pacto PSE-”PP a este nivel.

La desproporción entre el apoyo prestado y la contrapartida recibida no es sin embargo lo más llamativo de este comercio político: existe además una asimetría poco decorosa porque el PNV es decisivo en la consumación de una política económica que le afecta bien poco -”el concierto le asegura plena autonomía fiscal-” y obtiene a cambio ventajas para su comunidad autónoma que desequilibran todavía más el Estado. Para evitar todo este sinsentido, que algunos han calificado de chantaje, el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, propuso a su propio partido el préstamo al PSOE nacional de seis diputados para sacar adelante los presupuestos. Como era de esperar, ni siquiera ha recibido respuesta. Y, sin embargo, el gesto hubiera sido una muestra impagable de grandeza.

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