El paisanaje | antonio núñez
Cucú
Hablemos de política. Debo decir, de entrada, que siento una irreflenable admiración por el pájaro cuco, que pone los huevos en un árbol y luego va a cantar a otras ramas para disimular. Naturalmente el primer nido no era el suyo, pero allí se los incuba el descuidado pajarín anfitrión dejando, incluso, que los cuquines le maten a sus propios polluelos. Cuando se da cuenta ya es tarde. Más que un ave simpática y saltarina uno diría que es muy cabrona y lo de la admiración va porque para todo hay que valer.
La última remodelación del Gobierno recuerda bastante a las tácticas del cuco. Según Zapatero, la irresistible ascensión de Rubalcaba a portavoz y vicepresidente primero, manteniéndolo de paso como ministro de la Policía y de la Guardia Civil, por aquello de que controla bien el aparato del Estado, se justifica en que hace falta un pico de oro, buen comunicador, para explicar a los españoles las impopulares e inevitables medidas contra la crisis, lo de los cinco millones de parados y la rebaja de las pensiones. Si eso no es poner un huevo en el Inem y el Inserso e ir a cantar después al árbol de ETA y el PNV para que se lo críen antes de las próximas elecciones que venga Dios y lo oiga.
Porque ahí está la clave. Asistimos de tapadillo a otra negociación con el terrorismo para intentar que los etarras eclosionen en batasunos y puedan presentarse -y comer- a las elecciones de la primavera del año que viene. Y, si a los cucliyos del PSOE les caen como moscas un millón o dos de votos, a lo mejor libra en las generales el presidente y su prole (no confundir con la clase proletaria).
El nombre científico del cuco es el de «cúculus canorus» y Rubalcaba -súbeles la paga- el de los guardias es maestro desde antiguo en dar el cante. Ya estuvo de portavoz socialista cuando los últimos gobiernos de Felipe González con Roldán, Vera, Barrionuevo, el GAL de Amedo y Domínguez, etcétera, cuando salía gratis saquear los fondos más reservados del Estado. Luego siguió de vocero el 11-M, justo la víspera de que Zapatero ganara las primeras elecciones de chiripa y se perdieran luego tantas pistas sobre el atentado que hasta Jack el Destripador hubiera quedado libre por falta de pruebas. Elemental, Watson. Un poco más tarde ahí seguía Rubalcaba negociando procesos de paz con ETA y hombres buenos del estilo de Otegui y De Juana Chaos, uno esperando la libertad por buena conducta y el otro fugado. La única novedad hoy es que ha vuelto a donde siempre.
El también ex ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, que tiene cara de buho, pero no de pardillo, ya avisó hace meses de lo que está pasando ahora. Entonces lo pusieron a caer de un burro, incluidos algunos de los suyos, porque decían que seguía subido en el guindo de Aznar. Él sigue pensando lo mismo como eurodiputado y yo me apuesto un euro por él a que Rubalcaba es capaz de mentir igual o mejor que Zapatero, ambos con toda sinceridad.
Lo demás de la crisis gubernamental importa poco. Según mi mujer, que es apolítica, el presidente paisano se ha limitado a quitarse de encima a una cotorra con mucha pluma y fondo de armario, María Teresa Fernández de la Vega, dicho sea sin ánimo de faltar a mi loro Fary, que también era el portavoz de la familia hasta que las palmó, y a un par de pájaras mejores, estilo Bibiana, o la señorita Trini en Exteriores, al decir de Alfonso Guerra, que va a viajar por ahí como el baúl de la Piquer.
Mariano Rajoy anda como siempre a pájaros. En la calle Génova a lo mejor no, pero es posible que en el Ayuntamiento de Madrid con Gallardón como pájaro campana Rubalcaba le deje caer un huevo o los dos, tampoco sería la primera vez.
En fin, Mariano, cuando topes con él de portavoz en el Congreso desconfía, ojo al nido, tápate los oídos y, antes de disparar, limítate a mirarle a la cara, porque seguro que aciertas.
Eso sí, tampoco te mires tú mucho al espejo, no vayas a confundirte.