Cornada de lobo
Y mandó apagar
Ya es noticia cada día; tanto o más que la guerra, el cólera o los goles de Messi; la marejada Wikileaks tiene marchamo de sunami. Logró agitar furias y conciencias de tal modo, que hay colas en Internet, en los wáteres de la Casa Blanca y hay olimpiadas de la risa en medio mundo. En el otro medio, mosqueo y malas caras.
El asunto ha generado un fenómeno inédito, un pulso global planteado para que Internet sea lo que se espera de este gran invento: la garantía mundial del derecho a la transparencia y a la libre circulación de noticias y opiniones por las autopistas informáticas del ancho mundo. La cosa está que arde. Se están viendo leches, cárceles y algunos apagones. Pero salieron al field of the battle (la cancha, dice Valdano) los bandoleros buenos de la serranía informática y lanzan asaltos a las diligencias blindadas de los enemigos de Wikileaks o a los convoys de gobiernos de ocupación, saben de ordenadores lo que no está escrito, se activan entre ellos al instante en todos los países del globo y en tan sólo diez minutos tienen bloqueada la entrada de clientes de Master Card provocándoles un considerable estrago... por listines.
A estos hackers buenos que dominan la ley cibernética y su trampa les llaman hackactivists y entre el público espectador hay un aliento esperanzado: al fin los poderosos tendrán que temer y respetar el pensamiento social que clama en el planeta para que cambien las cosas porque estamos yendo directamente al tacho por la calle de la amargura, así que hay ganas de que vengan robinhoods desplumando a los banqueros en sus carrozas y desnudando a sheriffs y milords que andan siempre empujando y mandando callar.
Los hay convencidos: el bosque de Internetwood alojará el sueño legítimo de igualdad y justicia... la democracia puede y debe ganar aquí su batalla. Benditos. Allá van. Las redes sociales se pueblan. Cada ordenata o móvil es una voz y un juicio (final). Pero hay un problema: hablamos todos a la vez. Y eso es lío. Además, cuando venga otro Wikileaks con las luces largas, verás cómo escuchas en la radio lo de llegó un comandante y mandó apagar. Recuerda que Internet también se apaga. Y que el aire se puede militarizar.