Está en medio de nosotros
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
El Dios que nace es un Dios-con-nosotros, una maravilla siempre sorprendente: Dios recorre por amor la distancia que nos separa. Este es el deseo de Dios. La mayoría de las concepciones religiosas afirman que la mayor aspiración del hombre es subir al cielo. Y, mientras tanto, Dios decide bajar a la tierra. Dentro de unos días vamos a celebrar la Navidad. Un año más, villancicos, regalos, fiesta, alegría... ¿Alegría? ¿Realmente lo que sentimos en estos días es alegría, o todo se reduce a unos días de ruido en los que olvidamos los problemas, las angustias, las insatisfacciones del resto del año? ¿Y los que no pueden celebrar nada estos días? Según ponen de manifiesto las estadísticas, en estas fechas aumenta el número de suicidios, porque, dicen, los que tienen algún problema lo sufren en estos días con más intensidad.
Dios se acerca a nosotros, no para humillarnos, sino para levantarnos. Dios no sólo no nos exige el sacrificio de nuestros valores o nuestros hijos, sino que nos regala a su propio Hijo. Dios no sólo no nos quita libertad, sino que nos hace verdaderamente libres. Dios y el hombre no se restan, sino que se suman y complementan, al menos desde la vertiente humana. Cuanto más se llena el hombre de lo divino, no sólo crece, sino que se hace más humano. Dios viene para eso, para salvar al hombre y devolverle su dignidad. ¡Qué ridículos aquellos gobernantes que temían que Jesucristo viniera a quitarles sus tronos y sus poderes! El no venía a quitar nada, sino a dárnoslo todo. Venía a quitar, si acaso, los impedimentos que nos esclavizaban. Por eso, creer en Dios nos obliga también a creer en el hombre. Si Dios ha optado por éste, es que se puede confiar en el hombre y se puede esperar todo de él. El hombre puede tener muchas llagas, pero Dios ya las ha besado, y todas pueden curarse. El hombre corre todos los peligros, pero Dios ya lo ha redimido, y al final todo será gracia. Así, desde que Dios está con nosotros, el hombre tiene más dignidad, más capacidad, mayores posibilidades.
Dios-con-nosotros. Es la prueba más grande de su amor. Podía habernos salvado desde lejos, o haberlo hecho con sólo su palabra o alguno de sus mensajeros, o incluso haberse acercado a nosotros pero de visita, como de paso. No fue así. Nos regaló «su tiempo» y su amistad. Vino a nosotros como Salvador y amigo para quedarse definitivamente en nuestra casa, si le dejamos sitio. Ojalá que el ejemplo de María y de José nos ayude en la tarea.