Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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O bsesión aguda de hoy: parecer. Lo parecido vende y gusta mucho. Pero ya lo dice el título de la obra de Faemino y Cansado en el teatro Alcalá, Parecido no es lo mismo .

Si a lo verdadero no llegas, te lo falsificamos. Estamos en una cultura de imitación compulsiva porque copiar sale cómodo y barato... y soñar, gratis. Con cuatro trapos o ideas que te bajes de internet, te haces un traje de levita con entorchados. Un tonto copiando ahí puede pillar por el rabo un doctorado y no le tose nadie. ¿Cómo distinguir en el rebaño a los lobos con piel de oveja o a un rólex de una castaña?

Simular y disimular, ese es el truco.

¿Quién se resiste a llevar algo falso si da el pego? Sólo el que teme que le descubran; y el que puede comprar lo auténtico, claro. Pero con tal de parecer, un made in China peta, vale y mola.

Las grandes marcas insisten en denunciar ese fabuloso negocio de la falsificación que les roba mercado y millonadas. Mentira. Lo falso no les quita apenas cuota de mostrador o venta. Al contrario, la falsificación la busca para exhibirla esa gente que jamás podría comprar el producto genuino, así que no es un cliente robado o perdido, sino ganado. Además, contribuirá a agrandar el mito sin que a la marca le cueste un pito. Y saben, además, que cuando tenga con qué, comprará lo auténtico, que es con lo que sueña a cada hora el que lleva encima algo falso. Así que menos lobos, la falsificación crea devotos y, por si fuera poco, convierte a toda una multitud en vallas publicitarias de sus marcas. Gratis y a gritos. ¿Qué más quieren -recela Sócrates Valdueza-, no estarán también las marcas en algún caso detrás de sus propias falsificaciones?... porque resultan ser el mejor cebo y anzuelo... es lo que el economista más tonto recomendaría a sus consejos de administración.

Cree Sócrates que falsear y copiar es propio del desarrollo, pero que la falsificación campe también en la historia, creencias o tradiciones, es muy sospechoso. Y frecuente. Delata complejos. La última que vió hacía pasillo de honor en la puerta de la iglesia de San Francisco de Villafranca. Eran mozas con capisayos blancos y dicen que son Cofradía de Caballeros de Santiago . Ostí, ¡tías caballeros!, y cayó de culo.

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