CORNADA DE LOBO
Por los pelos
E l hombre más rico del mundo será sin duda el que descubra un crecepelo cierto para los que enseñamos el cartón de la mollera. La patente de un crecepelo será llave de una inmensa fortuna. Lo curioso es que no será menos rico quien averigüe justo lo contrario, la fórmula definitiva para que no vuelva a crecer ni pelusa, depilación total. Asombroso: uno vivirá sobre una montaña de oro por sembrar pelo, y el otro, en una de brillantes por segarlo... otro mundo al revés.
A lo tonto, como en tantos descubrimientos, unos científicos de la universidad de California que estudiaban los efectos del estrés en el aparato digestivo de ratones genéticamente modificados, descubrieron que al manipular una hormona les creció nuevo pelo en el lomo que previamente se les quedó calvo. El estrés es la causa más común de alopecias, canas y de que nos arda la cabeza, ese maldito estrés que te pone nerviosito o depresivo. Matas al estrés... y volverá la mata al cráneo.
La chiripa de este hallazgo abrió una ¿definitiva? vía para conseguir la piedra filosofal que devuelva el tupé a la bola de billar y nos libre, al fin, de peinados masculinos de tapa de baúl como el que luce Anasagasti sin cortarse un pelo... y del repelente plastón injertado y pintado con kanfort que rejuvenece al Berlusconi, ¡pordiós!...
Hace tiempo que me pregunto por qué apenas hay calvos en las culturas que condimentan su dieta con mucha especia picante o abrasiva. Ahí están los indígenas mejicanos o indios, dos cocinas populares que todo lo enchilan y endiablan. Buenas pelambres tienen, apenas calvos. El picante lo manda todo en su dieta. Y algo tendrá que ver con este asunto, porque un primo de Sócrates Valdueza nos tiene muy repetido que cada vez que come chorizo picante, al instante siente un estimulante cosquilleo en la raíz del cabello, especialmente en las zonas donde se le ha ido cayendo... como agujillas.
Conclusión: busquen también esos científicos posibles relaciones entre el picante azteca o la guindilla rabiada de Fresno y la estimulación de folículos o raíces capilares. Y si además conseguimos que el crecepelo sea un chorizo de Honorio, conquistaremos el mundo por la boca... y por los pelos...