CORNADA DE LOBO
Qué cerezas
T otal, que mi hermano Jose, el fraile, no me perdonará lo que he hecho con su original de El desván de las palabras , que tanto se parece en el título a otro libro de Andrés, El arca de las palabras . Lo escribieron prácticamente a la vez, pero uno en su sigilo conventual de Santiago y el otro en el bullicio del Madrid de Recoletos. Ninguno supo jamás lo que estaba haciendo el otro en aquel momento. Extraña coincidencia.
Los dos libros son algo así como un diccionario particular. Los dos mentan una palabra elegida y escriben lo que les viene, pero mientras Andrés destila literatura rotunda palabra por palabra, Jose toma cada vocablo y llama a su alrededor a todos los demás que puedan venir al caso. Le salen prendidos unos de otros, como cerezas; y les echa la justa literatura para que quepan más, así que tiene densidad su genial barullo de palabrario viejo y sugerente. Su lectura se hace amenísima (créelo, no hay peor juez que un hermano); y pide releerse porque se va aprendiendo en cada línea. Habrá lingüistas admirados con el trabajo que late ahí. Y más de un lleunésparlero (parlante no hay ni uno) verá tantas palabras leonesas desconocidas, que sacará la libreta de guindar y se pondrá a atropar pa casa.
Jose jamás hubiera editado esta joya de fino palabrario, pero a sus espaldas decidí darle el original a Reñones y verá la luz en breve en su editorial El lobo sapiens . Para no confundirlo con el de Andrés, se titulará Igual que cerezas ; y al pie, su desván original. Ahora, pues, tendrás otra razón para hacerte un lío con los Trapiellos que escriben. Y tendrías aún más si miras atrás y lees las crónicas afiladas que firmaba Atra en el Diario de León de los años veinte; era el abuelo Andrés, maestro y concejal en Sabero, fundador de los Maestros Católicos; o los poemarios de su hermano José, que andaba en el Ateneo de Madrid y en la tertulia de Valle Inclán (Crémer decía haberse hecho poeta por su culpa); o la columna Con mostacilla que escribía en este diario el tío César, cura, periodista, poeta, dibujante y grandísimo tipo. En fin, pelotón de buena tinta hay en la saga; es lógico que salgamos prendidos como cerezas y se confundan las felicitaciones o críticas. Bien, las mancomunamos.