CORNADA DE LOBO
Si la mierda...
N os sonreíamos con aquella ingeniosa pintada que rizaba un supuesto: «Si la mierda valiera dinero, los pobres nacerían sin culo».
Pues en ello estamos.
En la casa de subastas Sotheby-™s de Nueva York acaban de pagarse casi cinco millones de dólares (hay días en que tú no los ganas) por una «escultura» del artista norteamericano John Chamberlain. La cosa no sería mayor noticia, si no fuera que esa escultura es un gorruño de chatarra de coche convertida en pelota informe. La «esculpió» en 1958 juntando mierda oxidada y le puso título, «Nutcracker» (cascanueces). Chamberlain fue un adelantado del arte povera y de la plástica suburbial y guarra, pero jamás pensaron los subastadores que se cuadruplicaría el precio de salida.
Alguno pensará que el que paga estas fortunas (por algo que es al fin y al cabo mierda a la vista) es un loco disparatado y tontalán o alguien que nada en la ambulancia tirando cada día tres casas por cada una de sus ventanas.
No es probable que esté tan loco. Esa mierda, efectivamente, lo vale. Subido al altar del genio extravagante y a la cumbre del mercado del arte, el nombre de Chamberlain equivale desde ahora a una inversión formalizada, escandalosa y pregonada, purísimo negocio, porque cuando algún día venda ese artefacto de vertedero el aloriado comprador o sus herederos, tendrá que valer necesariamente más. Y lo valdrá. Ya se encargarán de ello la asombrada crítica bienpagá, los museos atados con longaniza, la intelectualidad picuda firmando catálogos o mamotretos... y hasta las revistas del corazón cuché que se hartarán de enseñar «joyas» como esta cuando fotografíen en su palacio a una condesa prima de una duquesa que pudo llegar a reina (de belleza) y se quedó en arrugada viuda rica con pinacoteca brutal.
El dinero no sabe de arte, pero sí de su precio. El truco es tomar algo raro y barato, ponerle una cifra desorbitada y pregonar su excelencia. No lo vale, claro, pero si aparece alguno dispuesto a comprarlo, quedará fijado su precio. Y si no apareciese, el mismo que la vende la manda comprar a un sicario... y resuelta la jugada. Eso es lo que valdrá... y a esperar a otro mirlo.