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PEDRO TRAPIELLO
León

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Me colgó esa muletilla de la oreja el afable y agudo Raimundo Castro, al que verás en tertulias de teles o escribiendo mucho y fino de política o de historia. Me asegura que se la escuchó siempre a Pedro Olea (Retolaza de segundo, bilbaino y conocido director de cine). La soltaba (y la seguirá soltando) cada vez que entraba en invitación o en ronda: «qué queréis tomar... y por dónde».

Me sonó a parábola.

Imaginemos una gran mesa en salón ceremonial con un porrón de banderas detrás y una nubecilla de fotógrafos fusilando a flashazos a una cumbre ministerial entre Alemania y España que se celebra en Bonn y en la que se van a negociar cosas importantísimas firmándose capitulaciones de gravedad. Despedidos los fotógrafos y acomodadas las dos legacías, los anfitriones abren formalmente la reunión dirigiéndose a los españoles con un verdadero alarde de cortesía germánica: «qué queréis tomar y por dónde».

Otro escenario para esa muletilla sería una reunión religiosa entre patronal y sindicatos tras el enésimo anuncio profético de la Venida de la Gran Recesión. El presidente inicia los oficios con la frase ritual de «nuestro auxilio está en el nombre del Mercado» y a continuación se pregunta a los obreros «qué vais a comulgar y por dónde».

Y ahora, un semidesierto afgano, una base de tropas americanas: el coronel anuncia que al día siguiente iniciarán una operación para tomar dos posiciones cercanas de los talibanes... pilla la orden un comando suicida y en dos horas se planta en la base con un camión de explosivos preguntando «qué queréis tomar y por dónde», explota la carga, treinta muertos y sesenta heridos (ya van 1.778 yanquis, recontó Bin Laden a la diestra de Alá) y se aplaza la operación de toma (Jeroma).

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También cabe una escena de frontera mejicana, cerquita de Monterrey: un nutrido grupo de narcos armados hasta los dientes tiene cercada a una patrulla de policías... y les chotean: «qué queréis tomar y por dónde»... les responde entonces uno de los guardias: «pues ya veis, nosotros, tequila... y vosotros, por el puto culo, porque aquí el sargento resulta que es el tapao de vuestro jefe, ¡chingaos de mierda!».