CORNADA DE LOBO
Más pollastres
Tengo en la memoria muchos pollos que se cruzaron en mi vida, centenares, miles de pollos... y gallinas, otras tantas... u más . Fue la cosa que mi familia levantó una granja justo donde se alza hoy el instituto de La Palomera, que con ese nombre palomero y con el pienso compuesto de planes educativos cambiantes que ahí se suministra, también podría ser considerado como una granja... y además, experimental.
Estrenándose los años 60, echó a andar aquel afán avícola con la última tecnología: ponedoras en jaulas individuales y apiladas (así caben ochenta por metro cuadrado, como los chinos en Hong Kong) y aunque del exterior entraba luz del día, para ellas siempre amanecía a la misma hora todo el año cuando a las seis de la mañana se encendían automáticamente las luces y empezaban como locas a papear de sus comederos, qué frenesí... y un huevo cada día, clinc, caja (mi hermano el mayor les ponía el transistor con música clásica porque alguien le dijo que eso estimularía su alegría productiva... y decía que funcionaba... Tchaikovsky les ponía el huevo al punto).
Esto de las jaulas ocurría en la planta baja y me daba algo de pena verlas allí presas y ejambradas; sin embargo, en la planta superior las gallinas eran perfectas reinonas esporpolladas. Como en la familia había tres veterinarios, allí se arrimaron ideas y averiguaciones, ensayándose un método americano sin jaulas, sueltas tres mil gallinas en un amplio espacio con una cátedra alta de rejilla para que no pisaran sus excrementos... y hasta parecía aquello un gran palomar con nichos en las paredes y su mullido nidal de paja para que pusieran los huevos a la antigua (qué algarabía pregonándolo todas a la vez).
Casi acabé odiando a las gallinas, porque aunque parezcan iguales, son distintas y algunas tenían un parecido asombroso en sus andares o gestos con unas cuantas paisanas odiosas de mi barrio... pero clavaditas, tú, créeme, no era fantasía mía... «las mujeres y las gallinas, sobre todo si están cluecas, tienen mucha semejanza», sentenciaba el señor Félix que cuidaba allí las vacas de Joselón.
Es curioso, aquel método de explotación aviar es lo que ahora exige Europa.