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ANTONIO NÚÑEZ
León

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Cuando mi señora abuela Catalina, viuda de guerra de las que perdieron, vio el primer seiscientos con la pegatina «Zoy ezpañó, cazi na» me cogió de la mano y dijo: «No hagas caso, hijo, porque éste es el país de Tócame Roque», lo que para ella significaba que todo iba manga por hombro. Cada vez que veo una foto de Rajoy en el periódico me acuerdo de la abuela y toco madera. Podría rememorar las leyes de Murphy, según las cuales cualquier cosa susceptible de empeorar empeora y la tostada del desayuno siempre se cae al suelo del lado de la mantequilla, pero uno es de pueblo y prefiere ir a lo clásico.

Es difícil juntar en una semana tantas pifias como Mariano y eso que tiene mayoría absoluta para gobernar. En esto también recuerda al chiste de los cien mil gallegos que iban de manifestación, altaneros para allá y morriñosos de vuelta. «¿Qué pasó?», les preguntó el paisano de la acera. «Es que vinieron dos y nos rodearon, carallo», fue la cabizbaja respuesta. Al de Pontevedra le crecieron los enanos el Primero de Mayo, léase el PSOE y los sindicatos en el circo a lo Ángel Cristo que le dejó Zapatero, y encima se le subieron a las barbas. Después de las elecciones son cuatro y el cabo, pero lo tienen acongojado. Primera pifia.

Segunda, el mismo día y en Bolivia, a unos diez mil kilómetros de distancia donde a todos los españoles nos llaman gallegos, el indio Evo Morales nacionalizó Red Eléctrica copiando a la pampera Cristina Kirchner en lo de Repsol, cuyo presidente catalán Brufau asistió al discurso de cuerpo presente sin mover un músculo de la cara. A eso los del Barça —adiós a la liga, machos— le llaman «seny». Parece que las empresas de aquí son allí presa fácil y estas dos pueden ser las primeras carambolas de una tacada que ni se sabe en Ecuador, Nicaragua, Venezuela y otras potencias mundiales del mundo mundial que toman a España por el país de Tócame Roque. A todo esto la respuesta de Mariano ha sido la de templar gaitas, como siempre, y soplar casi sin fuelle en una nota de prensa «el cóndor pasa». Por cierto que el huevo de esos pajarracos también lo incubó Zapatero, condonando por ejemplo a Evo Morales la deuda con España e invitándole a la Moncloa y la Zarzuela en jersey de sport. Acuérdese usted de aquellas memorables fotos cada vez que se ponga el suyo a rombos de las rebajas de El Corte Inglés para ir a la cola del paro.

Tercera, también el otro fin de semana el ministro del Interior, señor Fernández Díaz, filtró a la prensa que los presos de ETA podrían ser acercados a cárceles del País Vasco y luego reinsertados a condición de que vayan a un cursillo de educación para la ciudadanía, o algo así, y luego se arrepientan. ¿Oiga, no habíamos quedado antes de votar en lo del cumplimiento íntegro de las penas, incluso con cadena perpetua si era necesario en el futuro? Sobre lo de la reinserción de etarras y batasunos mi abuela, que se parecía a Mayor Oreja en que tenía pocas ideas pero todas claras, también me hubiera advertido que no hay cosa peor que la puta arrepentida. Personalmente también lo ha comprobado un servidor con algunos amigos que han dejado de fumar. Cuando salgan a la calle y la tomen no va a haber quien los aguante, Mariano. Tenga el lector en cuenta que las cárceles, junto con los asilos y los psiquiátricos, son los únicos sitios donde se puede fumar. «Es para volverse loco», nos dijo ayer el tabernero, que está a punto de jubilarse, a los que tomamos el vino en la acera a siete bajo cero, como el Bar-ça. Nosotros todavía no, pero los otros arrepentidos ya se le han subido a las barbas a Rajoy en Euskadi. Que el cuitado presidente las ponga a remojo para las próximas elecciones.

Y, por último, de aquella admirable tierra en tantas otras cosas —lástima, Atletic— es también Iñaki Urdargarín, el chaval que dio un mayestático braguetazo con la infanta Cristina sin conformarse ni él ni ella. Bueno, pues también esta semana ha prometido declararse culpable y devolver lo que le queda de la pasta si el fiscal le pide menos de dos años en el trullo (dos años y un día se cumplen). A eso le llaman los jurisconsultos sentencia de conformidad y haría bien su señoría el juez en atender tan principesco recurso.

Mariano lo mismo y por una vez con razón. Con la que está cayendo a ver de dónde recortamos para poner una suite real en Villahierro. Aunque la alcaldesa de Mansilla, Mari Paz, es moza muy dispuesta y seguramente le gustaría pavonearse con un vecino de pedigrí.

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Nadie es perfecto, pero en esto no tienen la culpa Zapatero, Rubalcaba ni el Tribunal Constitucional.