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PEDRO TRAPIELLO
León

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A ojo de buen cubero, ¿cuánto fueron metiendo en los diez últimos años las haciendas públicas en sus capítulos de gasto bobo, innecesario o improductivo?... ¿y en caprichos de faraón o antojos de cupletista?...

En ese tiempo, untas, untamientos y liliputaciones nadaban en la ambulancia y se hicieron muchas cosas que, vistas hoy desde el prado seco de las vacas flacas, abochornan o delatan que somos imbéciles químicamente puros...

¿Qué fruta nos dan esos árboles de bronce que una concejala zurda anunció como la obra culminante del arte autóctono «emergente»?...

Recuente el señor secretario inversiones necias y lucimientos de políticos hueros con su coro: edificios insostenibles, monstruos de la galleta administrativa... agencias y entes públicos inventados para innovaciones tecnológicas, fomentos, fermentos y enchufes... esculturas en cada esquina de a veinte millones la unidad o moscas con cojones peludos en el Arco de la Cárcel (donde ahora debe estar presa nuestra deuda interminable)... museos, performances, tejados fotovoltaicos, dulzaineros semivoltaicos, inseminadores culturales, fastos deportivos, aeropuertos infaustos...

Sócrates está piconero e insoportable últimamente y se pregunta ¿qué produjo la alegre millonada gastada en conmemorar no sé qué centenario del Reino de León?, ¿qué riqueza creó tanto dispendio?, ¿qué renta nos deja... ¿y qué hacemos ahora, vendemos palacios, rotondas o esculturas para recuperar algo del malgasto o fundimos su bronce para hacer cañones anchos que disparen hombres-bala y políticos embalados?...

Porque, vistas así las cosas, después de repartir despilfarros, a los gentilmente agraciados en esas tómbolas les debería tocar ahora el devolver algo de la carne magra (con su tocino de propina) que se llevaron en las uñas.

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Pero lo ejemplar, dice Sócrates, sería que los que pillaron plaza o cargo por el dedo o por el culo devuelvan también el sitio robado a todos los que, más preparados que ellos para esa función o trabajo, tuvieron que renunciar a su destino natural emigrando al quinto cuerno donde demuestran la capacidad que aquí se les negó.