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La segunda familia en León

Cincuenta y dos niños saharauis pasan el verano en la ciudad a través del programa «Vacaciones en paz».

La ya tradicional foto de familia en el acto de bienvenida organizado por la Diputación.

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A. Formoso Getino | león
León

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Cincuenta y dos niños saharauis ya tienen su segunda familia en León. Desde hace apenas quince días se encuentran en la provincia disfrutando del programa «Vacaciones en paz» promovido por la Asociación leonesa Saharaui para el Desarrollo, la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de la comarca del Bierzo y la Diputación de León.

Hasta finales de agosto estos pequeños turistas cambian el duro calor del Sáhara, que en esta época pueden alcanzar temperaturas de hasta 60 grados, por el calor de las 27 familias que en León, y 25 en El Bierzo, se ocupan y sobre todo preocupan de la salud, alimentación y fundamentalmente del cariño de estos nuevos «nietos» como muchos los llaman.

La mayoría de familias repiten, algunas desde hace más de quince años, otras desde hace cinco, algunas son casi novatas, pero todas ellas coinciden en que es «una experiencia única, la creación de un vínculo inigualable».

Algunas de estas familias de acogida han visitado el campamento saharaui del que destacan las fuertes raíces familiares que poseen. «Los niños vienen contentos por nosotros pero también se van contentos de volver a ver de nuevo a sus familias». «No buscamos sustituirlas, simplemente ayudarles en la medida de nuestras posibilidades».

La mayoría de los niños vienen con lo puesto para poder llevarse las maletas cargadas de enseres imposibles de encontrar en el campamento y que ayudan a mejorar su día a día y las de sus familias. Como destacan algunas familias e incluso las mismas Asociaciones «200 euros para nosotros suponen los cafés de un año, para ellos es el coste de la vida de más de medio año».

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Vienen sin nada y nada piden, cariño y ganas de sacar el máximo partido a esta estancia de dos meses en los que muchos van por primera vez a la piscina, otros quedan a las 10 en la plaza del pueblo, pero todos se llevan una segunda familia en la que dejan huella.