Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tiene la tragedia siria toda la guapura agónica de una guerra civil. Una guerra civil es guapa porque exige mucha gesta y mucha saña, que son su seña: con que asome sólo una navaja, una pelea entre hermanos será siempre «a muerte»; y si asoma armamento pesado, hablemos de aniquilación. Con rabia. Es el caso.

Siria se muerde a sí misma con ganas de aniquilar al otro. Aquí sabemos de eso, de guerrear civilmente (ciudadanamente en la urna se canalizan hoy las ganas de exterminio, pero son las mismas ganas) y mucho de ese lío sirio nos sabe familiar. Y aburrido, empieza a ser ya matraca tediosa de telediario.

Siria nos queda muy lejos y no alcanzamos a conocer o comprender las razones últimas de su guerra, aunque está clara una cosa: como en toda guerra civil, aquí unos matan por defender privilegios y otros por conquistar espacio, unos matan como hijoputas y otros como hijos de la grandísima puta, unos matan en alpargatas y otros con carro blindado; hay notable diferencia entre los bandos y se ve a la legua que unos son infinitamente más bestias de lo que también demuestran los otros. Y lo más obvio: la de Siria es guerra muy desproporcionada de civiles con escopeta contra militares pertrechados blindando a un dictador. Esto es lo que hace guapa esta guerra a los ojos del sentimental, del fanático o del soldado de fortuna: «nos vamos a la guerra de Siria», dijeron unos españoles ceutíes; y a morir iban. Ya son miles los extranjeros que combaten allí.

A los fotógrafos de fortuna también les atraen estas guerras: no hay mayor plasticidad informativa que la muerte y sus alrededores... y aquí hay guernicas en Alepo, beiruts en la periferia de Damasco, despiece carnicero en cada hospital, siempre niños destripados bajo escombros... y el objetivo de la cámara se emborracha de sangre que sirve el telediario para agriarnos la sopa.

Idealistas y fanáticos gustan de estas guerras: la víctima es evidente y no hay duda del verdugo, así que elige: iraníes y rusos van con el dictador (son los italianos y alemanes de la Guerra española) y el islamismo internacional idealista o dinamitero pesca lo suyo en el río revuelto de la rebelión. Las guerras civiles son siempre la misma guerra.

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