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PEDRO TRAPIELLO
León

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Tiene el otoño más razones que la primavera para preferirse. Lo de abril son promesas, pero lo de octubre es vendimia y granero lleno. ¿Explosividad juvenil primaveral o colorista madurez otoñal?...

De los otoños de aquí me pido en primera instancia el de Sajambre y Valdeón: el roble le pone chupa de cuero al monte y el haya lo viste todo con el rubor de la doncella que sabe que viene la nieve a cubrirla.

El otoño berciano no es menos espectacular, incluso tiene más paleta de pintor porque se suma aquí el oro amarillo del castaño que lleva a sus montes un incendio bello e inocente.

¿Y el otoño omañés cuando se hace lacianiego? ¿Y las choperas de ribera gritando azufres?...

Hasta el otoño paramero tiene en sus vallinas venas de color y sus majuelos enrojecen con la furia de viñedo.

Dame otoños.

Anochece a tiempo, refresca el aire, se encienden las primeras lumbres y en cada árbol o mata hay una orden de generosidad absoluta, todo lo dan al que pasa junto a ellos: nueces, castañas, avellanas, hayucos, almendras, manzanas camuesas, moras... y hasta las perdices aguardan sus majolinos y tapaculos cuando no quede más grano.

Para pisar el campo en caminata el otoño está pintiparado: la fresca estimula y el sol no acuchilla. Es tiempo de atropar y recoger frutos o bayas y, si trajo tempero la lluvia, setas. Es tiempo de acolchar la vista desde un cueto o un picacho viendo al pie la bruma y la lejanía y sintiendo muy distante el ruido del mundo y sus afanes. Es tiempo de esponjar el alma para que se encare al invierno y lo venza. En fin, es tiempo.

El caer de la tarde otoñal mete pronto a la gente en la cocina o en la cantina y se aguarda entre brasas y charlas la hora de cenar, mientras el abuelo en su escaño forga con gubia y navaja tallando una cuchara de pastor que escondía un tronco de escaramujo, la abuela reza el rosario tejiendo sus misterios, los rapaces enredan escaqueando deberes y las mujeres no se liberan de idas y venidas que no cesan.

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Y si llega a la mesa un humeante caldo vendimias, una empanada, unos pimientos picantes y se apaga la tele...