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PEDRO TRAPIELLO
León

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Tiene lo sencillo un problema: es barato, no interesa.

En tiempos alegres, lo que menos importa es lo sencillo, lo simple, y manda el interés compuesto, el complicarse (de ese polvo vino todo este lodo que te llega al cuello). Complicando las cosas se agrandan las tartas y se reparte más cacho, está claro. Ejemplo: ¿puede hacerse una carretera por cien millones?... pues entonces échele ciento cincuenta y añádale usted alguna escultura en los arcenes... ¿y es cierto que convertir en viñedos los cortafuegos evitaría los costosos incendios y, además, traería ingresos a las arcas públicas?... pues desestímese el disparate... demasiado simple y barato.

¿Y qué tal si a la vera de los caminos y carreteras plantamos árboles frutales y no solamente especies lelas de poca sombra y mucho estacazo?... ese era el sueño, como te dije, del abuelo Severino, que se ponía a echar cuentas de todos los manzanos y perales que podían caber en la carretera de León a Ponferrada y le salía una burrada de quintales de fruta gratis para el pueblo como si fuera un regalo del cielo, un maná frutal... no era un mal sueño para los peores años de aquella postguerra española en la que mandaban los piojos, la tuberculosis, la desnutrición y el aceite de hígado de bacalao.

Pues no se vio a mucho ingeniero de obras públicas haciéndole caso... ¿acaso es tan ridículo como ver frutales en los jardines urbanos?... ¿por qué no hay cerezos en estas calles lo mismo que naranjos en Sevilla?...

¿No veremos nunca árboles frutales junto a los caminos?... La necedad gana.

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Confiaba, sin embargo, en verlos en todos los recuperados tramos terreros y peatonales del Camino de Santiago... ¡qué menos que una sombra frutal y una manzanita a mano para el peregrino en su fatiga!... ¿cuántos frutales no cabrían entre Roncesvalles y Compostela?... pues los listos se gastaron la millonada al canto plantando ahí árboles improductivos, jardineros o de fronda dudosa y, por si fuera poco, más de la mitad se malograron y son hoy tiesas estacas... el Camino anda en calveras... así que pruébese a repoblar ese vacío con frutales... y aunque se haya perdido el tiempo, no se pierda la oportunidad, insiste Sócrates.