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pedro TRAPIELLO
León

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Tendrías que haberle conocido. Fue lo más respetable y honesto de aquella primera Junta de Castilla y León que tuvieron que poner en marcha unos socialistas con tanta bisoñez política e inexperiencia administrativa como entusiasmo y torpeza por estrenar un invento autonómico que jamás antes se vio en esta España que ahora se resiente de haber convertido en taifas tantos ombligos.

Te hablo de Avelino Hernández Lucas, soriano de amores, de Valdegeña, como esos dos paisanos viejos que andan en las redes sociales profetizando hace algunos años lo que iba a venir.

Avelino ocupó entonces un alto cargo en la consejería de Cultura. Estaba todo por hacer. El patrimonio histórico, cultural y popular de León y Castilla era mayor que en cualquier otra región europea y exigía resposabilidad, saber e imaginación. Dio talla... y más.

Le traté de cerca en ese tiempo agitado de sacar de la nada un sentido de comunidad que no existía. Pero sabía y apostaba a que ese latido no se produciría tanto en las alturas urbanas y políticas, como en la llaneza popular que hace de idéntico barro al campesino de su pueblo, al afanoso maragato o un pastor salmantino. Avelino lo averiguaba con bota y cayado en sus viajes de interior explorando lo profundo de estos paisajes, vidas y almas. Sabía de primera mano... y por algo le mimaban en la Universidad Rural Europea.

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Agitador político en su etapa universitaria, abandonó carreras por averiguar más y hasta árabe estudió para comprender mejor lo lejano. Pero sobre todo, Avelino escribía, ¡y cómo! (echa un ojo a Donde la vieja Castilla se acaba, La historia se san Kildán, Aún queda sol en las bardas ... tiene un ancho fondo de obra editada), escarbaba en la memoria, alentaba la libertad del campo con su sentido de la justicia frente a las prisiones de la civilización obsesiva... iba y volvía sin cesar al origen... siempre aprendiendo... y de la misma forma que su paisano en ese famoso vídeo asegura llamarse Mosés Casinadie, yo apellidaría a Avelino Casitodo, aun sabiendo cómo le ofendería la inmodestia en su «nadie más que nadie». Murió joven va a hacer diez años. Y ya nunca volví a ver en la Junta un tipo con sus luces y su corazón gigante.