Esperanza y vigilancia
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
Nos disponemos a celebrar el Adviento, tiempo de esperanza y de alegría, y también de espera, preparación y esfuerzo vigilante. Dios viene a nuestra historia. Desde la fe todo parece claro, pero, si miramos alrededor, ¿de verdad que esta sociedad espera a Dios?, ¿el hombre de hoy busca a Dios? De hecho muchísima gente da poca importancia a la religión. El evangelio nos pide vigilar y estar atentos a los signos de los tiempos. También hay signos positivos, pero no está muy clara la venida de Dios.
Tampoco en tiempo de Jesús el horizonte estaba claro. Sus palabras se dicen en Jerusalén, en el Templo. Aquel pueblo esperaba la venida de Dios, pero equivocadamente: no iba a quedar piedra sobre piedra de aquel templo, que era el signo central de su religiosidad. La venida de Dios será ya la presencia de Jesús, rechazado y llevado a la muerte por los jefes judíos. Sorprendentemente (así son los caminos de Dios), ahora está más cerca que nunca la llegada de la salvación. El creyente tiene fe en que esto va a ser así, aunque el horizonte no aparezca muy despejado. Por eso se nos invita a entender los signos de los tiempos y a estar despiertos y vigilantes.
Para un cristiano adormecido da lo mismo que comience el Adviento; será incapaz de adivinar el horizonte a que apunta este tiempo de espera. Con la mente embotada, verá llegar la Navidad, cantará villancicos, montará el belén..., pero se perderá entre lo superficial. En un cristiano egoísta y ambicioso no hay lugar para la esperanza, porque no hay sitio para alimentarla. Podrá empezar el año litúrgico, asistir «tranquilamente» a Misa, soportar el «sermón» y dar la vuelta a todos los ciclos habidos y por haber, pero, si no quita de su corazón todo el lastre de la indiferencia y la rutina, no será capaz de ser un hombre adulto que alce la cabeza ante los acontecimientos que ocurren en su vida.
Y otra condición: estar despierto. La esperanza del cristiano no es una esperanza quietista y piadosa, es una esperanza activa, como activa es la actitud habitual del hombre en la vida. No sirve el hombre que dice esperar algo mejor y no pone su esfuerzo para lograr el resultado. En la vida cristiana debe ser igual, porque estamos rodeados de cristianos que esperamos al Señor adormilados.
Bienvenido el Adviento, tiempo de esperanza, tiempo de remoción de obstáculos, tiempo para ganar en madurez, para desterrar la modorra, para aprender a vivir de pie, con la cabeza levantada, barruntando la salvación que se acerca. Porque el Señor está viniendo.