CORNADA DE LOBO
Alma pequeñina
Todos tenemos un alma pequeñina que podría escapársenos del cuerpo en la primera perlita de sangre que nos brota de un simple arañazo en el meñique.
El alma pequeñina apenas pesa y se inventó, más que nada, para la Navidad, ahí bulle o ronronea; a veces se entristece o se subleva si viene la fecha cargadita de desgracia o de frío en el alma.
En las señalizadas fechas navideñas el corazón humano se abriga con el alma pequeñina y propende a lo blandorro y dulzón como si fuera carne de melón supermaduro... y le late un sentimiento compasivo por los que nacen en pesebres, por los que no tienen ni pocilga, por los que pasan frío, por los mutilados de la guerra del dinero, por los hambrientos, por los muertos de vergüenza, los tullidos, cautivos, desvalidos... y muy especialmente, por los niños lejanos y exóticos, cabecitas mondadas que nos conmueven con sus ojazos como platos... vacíos.
El alma pequeñina dice que si las bicicletas son para el verano, las caridades son para el invierno, así que se reiteran o nacen campañas de toda índole noble o menos noble, que la Navidad es una romería gigante que abarrota de necesitados y pícaros las puertas de ese templo y sus calles adyacentes: gentes sin fronteras y honestos de veras, lagrimón de fundación, el que pilla caliente de la ruina doliente, calendarios solidarios de bomberos en cueros, conciertos sacacuartos de oenegés pro-lagartos, cien benditas cofradías con malditas loterías... ¿y para los de Haití?, tararí que te vi... ¿Haití?...
La industria de la caridad se excita mucho en estas fechas y es toda una industria: empleados, cartelones, publicidad, ediciones, carpas, eventos, conciertos, gestiones, gastos... hasta una escritora muy progre no se ha privado de montar su campañita «No sin juguetes» (el subconsciente nacional no ha superado los Roperos del Niño Jesús ni el cepillo del Pan de los pobres ).
Y no hay artista que no asome en festivales a beneficio de (sí mismo) o no convoque ruedas de prensa para cacarear su donativo a un lazareto de Calcuta, publicidad que multiplicará por cien su calderilla, qué pillos... ¿por qué no se callan y dan al necesitado tan sólo el 0’7 de su fabulosa ganancia?...