Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tuvo cierto humor generoso la Providencia cuando hace novecientos cincuenta años enviaron desde León a Sevilla a buscar los restos de una santa y volvieron con dos santos. Este año se conmemora el traslado de los huesos de uno de ellos, el notable, san Isidoro, doctor de la Iglesia y linterna de la España goda; el otro es san Alvito, segundón y modestito.

Tiene novela esta historia, aunque a esta historia le sobra mucha novela... hay demasiada leyenda y milagros.

En el año 1063 quisieron enaltecer la iglesia reedificada por Fernando I dotándola con reliquias de sonoridad que atrajeran renombre, devociones, peregrinos, limosnas... pensaron en la mártir sevillana santa Justa (la de Rufina) y, como el rey moro de allí y el rey leonés se tributaban, acordaron que acudiera a buscarlas a la capital bética un poblado cortejo de eclesiásticos cazurros con su guardia y sus peones, sus carretas, monturas e intendencias, encabezados por los obispos de León y Astorga, Alvito y Ordoño... la cosa iba de «muy oficial», así que irían con algún estandarte, mucho aparato y cierta ceremonia, supongo... en fin, una peña de este bulto se mueve despacio y de León a Sevilla hay buen trecho, entonces no menos de cincuenta jornadas... y alguna semana más, que iba gente de avanzada edad en la comitiva y tanto traquetreo muele los huesos.

En Sevilla se tiraron todo un año en balde rebuscando en viejas iglesias godas, ruinas cristianas... ¿cómo estaría esa ciudad tres siglos después de ser derruida y reocupada por el moro?... nada... y decidieron volverse, pero la víspera de partir, al obispo leonés se le apareció san Isidoro y le reveló dónde se hallaban sus restos, mira tú... dieron con ellos, los pusieron en un arca funeraria y, a los tres días, murió el obispo Alvito, lo metieron en otro arca y no quiero imaginar el desfile funerario que hubo de ser el viaje de vuelta, dos meses o tres con largas paradas en las ciudades... y misas o responsos en cada templo al paso, qué menos, llevaban dos santos en una sola carreta.

Lo curioso es que Isidoro de Sevilla odiaba estos nortes leoneses de gente bárbara y, mira por dónde, aquí le hicieron dar con sus huesos, puro clima de reumas... ¿nos habrá perdonado?...

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