CORNADA DE LOBO
Felicidad
Tienen muy repuesta esa película en la tele, pero cada vez que la «echan», no cansa el repaso a esos escenarios y descarnadas confesiones de sus protagonistas... Astorga, Castrillo de las Piedras, blanco y negro todo el film, magnífica fotografía... pon que hablan los Panero y que anteayer volvieron a «echar» en la Dos ese excelente largo/documental que el director Jaime Chávarri tituló El desencanto , ritual culto y pijo de cómo matar al padre en sólo una sesión... ahora espero que «echen» pronto la otra peli de los Panero, Después de tantos años , rodada por Ricardo Franco veinte años después con sólo los hijos, muerta ya la madre, ahí Juan Luis y Michi desollándose o cagando teorías y Leopoldo a su bola haciendo el loco en su papel inevitable de genial poeta maldito.
En Astorga El desencanto les supo a guindilla por el culo y, cuando treinta años después vuelve Michi hecho puré a esa ciudad a morir y penar acogido a la compasión local, algunos no ocultaron su malicioso contento y se dieron por reparados creyendo ver castigo divino en aquella lastimosa soledad y postración de Michi (no sabría decir si murió como un pajarín o como un perro tiñoso, tenía sólo 53 años).
Michi se llamaba José Moisés y supongo que se cagó toda su vida en el pariente que le endiñó el nombrecito; no es forma de llamarse; nunca me atreví a decírselo en el año largo que mantuvimos estrecho y frecuente trato telefónico; y a continuación llamaba su madre; podíamos tirarnos media hora de cháchara que ella hacía cadenciosa o trágica, elegancia recitada. Su forma de hablar era idéntica a la que luce en la película donde renació ella en gala y altivez ante la humillación de la vida. Era así, una perfecta novia para un Cernuda homosexual, la más señorita del Madrid de los 30. Y lo mismo que el hombre de España que mejor hablaba se dice que era Carnicer (suscribo y añado que también lo era Pereira y su plus de ternura e ironía), diría sin dudarlo que la mujer a quien oí decir y hablar mejor fue Felicidad Blanc, la viuda cautiva del poeta Panero. A su hijo Leopoldo le gusta decir que fue muy mala madre y a la vez la adora con delirios enigmáticos. Los Panero son ya un magnífico castillo abatido.