Varios testigos avalan la conducción temeraria y peligrosa de Ortega Cano
Las primeras personas que le atendieron no recuerdan que oliese a alcohol.
El diestro, a su llegada a los juzgados de Sevilla.
Los conductores que la noche del 28 de mayo del 2011 se cruzaron con José Ortega Cano alertaron a los servicios de emergencia de que el torero circulaba de forma temeraria y peligrosa. Al exceso de velocidad se suman según los testigos varios adelantamientos en zonas prohibidas o invasiones del carril contrario.
La segunda sesión del juicio que se celebra en Sevilla contra el torero por el accidente de tráfico mortal que costó la vida a Carlos Parra estuvo centrada en la declaración de las personas que coincidieron con el diestro en las carreteras cercanas a Yerbabuena.
A la entrada a los juzgados, Ortega Cano defendió su inocencia y juró que no bebió ese día, una afirmación que, dijo, mantendrá «cada vez que le pregunten». El día anterior, en la primera sesión del juicio, ya aseguró que sólo se mojó «los labios con cava», por lo que no comprende el resultado que posteriormente arrojó el test de alcoholemia.
Ya en la sala, escuchó como uno de los jóvenes con los que se cruzó explicaba que el todoterreno oscuro del diestro se le acercaba y alejaba de forma peligrosa. Finalmente, le adelantó en un paso de peatones elevado y circuló unos 500 metros por el carril contrario, «rozando el arcén con los neumáticos».
Otro testigo explicó que pensó que el todoterreno le adelantó a él y a otro vehículo en la misma acción y después siguió acelerando hasta que le perdió de vista. La maniobra se produjo instantes antes del accidente, a punto de llegar a una curva señalizada como peligrosa y sin apenas visibilidad, saltándose la doble línea continua y a una velocidad de entre 140 ó 150 kilómetros por hora, según precisó.
Según declaró otro testigo, el coche de Ortega Cano invadió el carril contrario y Parra no tuvo tiempo para evitar la colisión. Junto a estos testigos, también declaró el primer médico que llegó al lugar del accidente, y que constató que Parra estaba ya fallecido. Ortega Cano estaba consciente pero su estado era grave y se «estaba chocando», por lo que los esfuerzos de los facultativos se centraron en tratar de estabilizarle para salvar su vida, de ahí que no se fijara si olía o no a alcohol. Tampoco los agentes de la Guardia Civil de Tráfico que le atendieron pudieron percatarse de este olor, aunque coinciden en relatar que todo el escenario del accidente olía a goma quemada y gasolina.